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	<title>José Milla</title>
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                                                <pubDate>Thu, 13 May 2021 14:30:32 +0000</pubDate>
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       						Revista D</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img alt='Gustavo Montenegro' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Gustavo Montenegro</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2021-05-13T08:30:32-06:00">13 de mayo de 2021</time></span></div>]]></dc:creator>
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<p>Milla, de tendencia conservadora, se marchó al exilio al triunfar la revolución liberal, y es esa vivencia la que se refleja en su libro. No obstante, ya había emprendido la búsqueda de las raíces del término “chapín”, el cual asocia parcialmente con cierto tipo de zapato utilizado por algunos jóvenes guatemaltecos.</p>
<p>Pero lo más destacable es la descripción moral de tal individuo: &#8220;El chapín es un conjunto de buenas cualidades y defectos&#8230;. Es hospitalario, servicial, piadoso, inteligente; y si bien por lo general no está dotado del talento de la iniciativa, es singularmente apto para imitar lo que otros hayan inventado. Es sufrido y no le falta valor en los peligros.</p>
<p>Es novelero y se alucina con facilidad, pero pasadas las primeras impresiones su buen juicio natural analiza y discute, y si encuentra, como sucede con frecuencia, que rindió el homenaje de su fácil admiración a un objeto poco digno, le vuelve la espalda sin ceremonia y se venga de su propia ligereza en el que ha sido su ídolo de ayer.</p>
<p>Es apático y costumbrero; no concurre a las citas, y si lo hace, es siempre tarde; se ocupa de los negocios ajenos un poco más de lo que fuera necesario y tiene una asombrosa facilidad para encontrar el lado ridículo a los hombres y a las cosas”.</p>
<p>En efecto, al crear a Juan Chapín lo construye con tales características, mucho ingenio y a la vez cierta ingenuidad. Su descripción sigue así: “Ama a su patria ardientemente, entendiendo con frecuencia por patria la capital donde ha nacido; y está tan adherido a ella, como la tortuga al carapacho que la cubre. Para él, Guatemala es mejor que París; no cambiaría el chocolate por el té ni por el café (en lo cual tal vez tiene razón). Le gustan más los tamales que el volován, y prefiere un plato de pepián al más suculento roastbeef”.</p>
<figure id="attachment_8722737" aria-describedby="caption-attachment-8722737" style="width: 537px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-8722737 size-full" src="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2021/05/RD-250421-HECHOS-61ph03_59085229.jpg" alt="José Milla y Vidaurre" width="537" height="751" srcset="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2021/05/RD-250421-HECHOS-61ph03_59085229.jpg 537w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2021/05/RD-250421-HECHOS-61ph03_59085229.jpg?resize=150,210 150w" sizes="auto, (max-width: 537px) 100vw, 537px" /><figcaption id="caption-attachment-8722737" class="wp-caption-text">A Jose Milla y Vidaurre (1822-1882) se le considera como uno de los fundadores de la novela guatemalteca. Destacó por su narrativa histórica y costumbrista. Fue ministro de Relaciones Exteriores y embajador de Guatemala en EE. UU., durante el gobierno de Rafael Carrera. Al triunfar la revolución liberal, en 1871, se marchó al exilio. Viajó por Europa y Estados Unidos. Está sepultado en el Cementerio General de Guatemala. Foto Prensa Libre: Hemeroteca</figcaption></figure>
<p><em>Con información de Cuadros de costumbres y Un viaje al otro mundo pasando por otras partes”, de José Milla y Vidaurre</em></p>
<p>SERIE HISTÓRICA (61)</p>
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                        <title>Claves para &#8220;descubrir&#8221; a un chapín en el extranjero</title>
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                                                <pubDate>Sun, 24 Apr 2016 17:10:38 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Revista D</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img alt='Roberto Villalobos Viato' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' loading='lazy' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Roberto Villalobos Viato</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2016-04-24T11:10:38-06:00">24 de abril de 2016</time></span></div>]]></dc:creator>
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                                                    <description><![CDATA[El guatemalteco es un conjunto de buenas cualidades y defectos, los cuales se notan fuera del país.]]></description>
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<p>Justo así somos hasta nuestros días: adoramos esta tierra pese a las adversidades.</p>
<p>Por eso, cuando tenemos la oportunidad de ir al extranjero, nos sale a relucir ese fervor patrio. Con todos hablamos sobre las maravillas de nuestra tierra. “Que Guatemala esto, que Guatemala lo otro”.</p>
<p>Claro, al viajar a un país desarrollado por primera vez, suele haber un choque cultural bastante grande.</p>
<p>Y si por casualidad nos encontramos con otro chapín, digamos, en el Viejo Continente, somos capaces de abrazarlo y tomarlo como hermano.</p>
<p>Así que, si usted se va al extranjero, cerca o lejos, tendrá a la mano un amplio catálogo para identificar a un compatriota. Estas situaciones son algunas de ellas.</p>
<h2>	En otras tierras</h2>
<p>Todo empieza en el aeropuerto. Al connacional lo reconocemos no tanto porque sea morenito y bajo de estatura, sino porque a su despedida acude hasta una decena de familiares. Es comprensible, porque muchos viajan a Estados Unidos para trabajar y quién sabe hasta cuándo podrán regresar a ver a la parentela.</p>
<p>Dentro de la maleta lleva algunos tamales, frijoles, tortillas y chile, porque allá, “en el norte”, a veces cuesta conseguirlos. “(Al guatemalteco) le gustan más los tamales que el <em>vol-au-vent</em> (volován), y prefiere un plato de pepián al más suculento <em>roastbeef</em>”, prosigue el texto de Milla y Vidaurre.</p>
<p>Hasta hace algunos años, también era frecuente que lleváramos algunas piezas de ese pollo con fama de tierno, jugoso y crujiente. El sabroso olor se sentía dentro del avión, sobre todo en los que partían hacia Los Ángeles.</p>
<p>Pero, una vez habiendo aterrizado en el extranjero, empieza esa soledad que invade. Somos sensibles hasta en la más mínima cuestión. Milla y Vidaurre escribió una historia alrededor del personaje <em>Cándido Tapalcate</em>, quien se aventuró en un viaje a Londres. “La gente aquí es muy malcriada. Yo saludo a todo el mundo en la calle, en el hotel, en todas partes, y nadie me contesta”, relata <em>don Cándid</em>o en una carta.</p>
<p>Pues sí, es que somos tan amables con todos. De hecho, es frecuente que nuestros amigos extranjeros nos describan como “excesivamente protocolarios”, que cuesta que vayamos al grano, tal como lo afirma el fotógrafo peruano Giancarlo Gallardo vía telefónica.</p>
<p>De ahí que surjan frases como: “Disculpe, buenos días. Usted me podría ayudar a encontrar esta dirección, por favor. Disculpe la molestia”.</p>
<p>“En lugares que conoce poco se acrecienta su comportamiento de pena, por lo que pide las cosas disculpándose y agradeciendo exageradamente”, expresa el historiador y antropólogo Alfonso Arrivillaga.</p>
<p>Como en otros países no son como nosotros, puede que lleguemos a sentir que nos están regañando. Pero no; no se lo tome a pecho. Es solo una cuestión cultural.</p>
<p>Luego, subir un autobús por primera vez en países como Estados Unidos o Europa puede llegar a ser confuso y frustrante; claro, después se convierte en una anécdota más. Sucede que llegamos a una esquina cualquiera, identificamos el bus que nos lleva a nuestro destino y “le hacemos la parada”, así, extendiendo el brazo y apuntando hacia el frente con el dedo índice. ¡Pero el bus sigue la marcha!</p>
<p>El guatemalteco primerizo en tierras lejanas quizás no sepa que los autobuses solo se detienen en lugares autorizados, sin excepción. Así que si observa esta situación, no se ría; ayude.</p>
<h2>	“Ese (”%$#&#038;”</h2>
<p>Donde no se habla español, uno llega a cansarse de comunicarse en otro idioma. Así que, cuando escuchamos a alguien que dice algo en la lengua materna, se nos alegra el día. Incluso, somos tan capaces de que si oímos una malcriadez muy chapina, lloramos de la felicidad.</p>
<p>Asimismo, solemos expresarnos con posesivos y diminutivos, expresa la lingüista María del Rosario Molina. “Tenemos un discurso florido”, coincide Arrivillaga. Por eso es normal que digamos “quiero un mi panito y una mi agüita”.</p>
<p>Si usted, que está en Francia, Colombia o Japón, escucha tales frases, tendrá un 90 por ciento de seguridad de que esa persona es guatemalteca. El otro 10 por ciento lo completará si dice: “Será que me regala…”.</p>
<p>Milla y Vidaurre se refirió a esto: “Habla un castellano antiquísimo: <em>vos</em>, <em>tené</em>, <em>andá</em>; y su conversación está salpicada de provincialismos, algunos de ellos tan expresivos como pintorescos”.</p>
<p>A eso, ahora, se le agrega el “pues” y el “cabal”, tan natural en nosotros que ni nos damos cuenta.</p>
<p>Otra experiencia es cuando viajamos en metro en un país con modos tan dispares respecto de los nuestros. En Berlín, Alemania, la gente sube y se limita a leer o consultar el celular. ¡Ah!, pero si ingresa un grupo de latinoamericanos, la cosa es diferente. Hablamos alto, reímos y cantamos, contrario al estereotipado comportamiento alemán, serio e inexpresivo.</p>
<p>Cuando vamos a las tiendas, solemos entrar a las más caras, “las que no hay en Guate”, y tomarnos aunque sea una <em>selfie</em> al lado de un artículo costosísimo.</p>
<p>También ha surgido esa tendencia de acudir a los restaurantes “donde comen” Miley Cyrus, Kim Kardashian o equis personaje famoso.</p>
<p>Si es posible, también pedimos el mismo platillo, solo que con chile cobanero —pero como no hay, aunque sea Tabasco—. Para terminar la velada, nos tomamos una foto para compartirla rápidamente en las redes sociales y así presumir. “Es novelero y se alucina con facilidad”, según Milla y Vidaurre.<br />
</p>
<h2>	Malas costumbres</h2>
<p>Bastante severo resulta el novelista Arturo Arias, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2008, quien afirmó en una entrevista que, entre los modelos chapines “desagradables” está “el bolo, ramplón, clasemediero, machista, que siente lástima por sí mismo, pero que no hace mucho por mejorar su situación”.</p>
<p>Otras de las malas costumbres es la clásica “hora chapina”.</p>
<p>Nos podremos comprar un exactísimo reloj suizo, pero quizás solo para lucir, porque puntuales no somos. “No concurre a las citas, y si lo hace, es siempre tarde”, escribió Milla y Vidaurre.</p>
<p>Otros llevan el mal hábito de tirar la basura en la calle, cosa que puede resultar en una multa bastante alta.<br />
</p>
<h2>	De regreso</h2>
<p>Después de las peripecias en el extranjero, llega el momento de regresar a la Guatemala de los frijolitos, platanitos y huevitos (sí, en diminutivo), que tanto se extrañan en los desayunos y cenas lejos de casa.</p>
<p>Ese momento es indescriptible porque, como bien decía Milla y Vidaurre, amamos ardientemente nuestra patria. “Está tan adherido a ella, como la tortuga al carapacho que la cubre”.</p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="revista-d" data-modified="120" data-title="Claves para &#8220;descubrir&#8221; a un chapín en el extranjero" data-home="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co"></div>]]></content:encoded>
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                        <title>José Matos Pacheco, ínclito diplomático</title>
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                                                <pubDate>Sun, 17 Apr 2016 05:28:10 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Revista D</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
								<div class="columnista-individual-container reset-margin w-100 col-12">
									<img alt='Roberto Villalobos Viato' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' loading='lazy' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Roberto Villalobos Viato</h2>
										<h3 class="columnista-individual-container__description">
																					</h3>
									</div>
								</div>
						</div>
						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2016-04-16T23:28:10-06:00">16 de abril de 2016</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Revista D]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[<div>	José Matos Pacheco destacó en el Derecho y en la diplomacia guatemalteca. Hoy, un instituto lleva su nombre.</div>]]></description>
                                                                                        <content:encoded><![CDATA[<img width="1200" height="898" src="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/403bf52a-334d-4e77-94c2-f2955fc28564.jpg?quality=52&amp;w=1200" class="attachment-featured-medium size-featured-medium" alt="Dr. José Matos Pacheco. Retrato de su hija, Antonia Matos de Massot." srcset="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/403bf52a-334d-4e77-94c2-f2955fc28564.jpg 1200w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/403bf52a-334d-4e77-94c2-f2955fc28564.jpg?resize=768,575 768w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/403bf52a-334d-4e77-94c2-f2955fc28564.jpg?resize=150,112 150w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" loading="lazy" decoding="async" /><p>En la Guatemala de 1880 viviía un niño de cinco años llamado José Félix Matos Pacheco, quien, posteriormente, se convertiría en uno de los diplomáticos más destacados de nuestro país. </p>
<p>Pero, antes de hablar de él, recordemos cómo era aquella época. Para empezar, la población apenas era de un millón 224 mil habitantes. De ellos, en la capital y en los municipios circundantes, vivían 155 mil.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    Gran Cruz  Isabel La Católica (España)</p>
<p>Orden de  Bocayá (Colombia)</p>
<p>Orden Nacional  Carlos Manuel de Céspedes (Cuba)</p>
<p>Orden Nacional  Cruzeiro do Sul (Brasil)</p>
<p>Orden del  Quetzal, en grado de Gran Cruz (Guatemala)</p>
<p>Doctor Honoris  causa, por la Universidad de San Marcos (Lima, Perú, 1925) y por la Universidad Nacional de México (actual Universidad Nacional Autónoma de México, 1927).                </h4>
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    <br />
La Sexta Avenida de la zona 1 apenas se había extendido; destacaban las grandes y lujosas residencias de las familias acomodadas. Por las noches lucía solitaria pero, sobre todo, era muy, muy oscura. De hecho, en esa época solo había alumbrado público de gas.</p>
<p>Por las calles transitaban elegantes carruajes que solo los ricos podían comprar. Para entonces gobernaba Justo Rufino Barrios.</p>
<p>Por ahí había un niño llamado Enrique Gómez Carrillo, quien solo tenía 7 añitos. Otro, llamado Jorge Ubico, era un bebé de dos años. En cambio, el novelista José Milla y Vidaurre ya pintaba canas a sus 58.</p>
<p>Así, en ese contexto, transcurrió la niñez de Matos Pacheco.</p>
<p>Quien sabe, quizás algún día jugó en la calle con Gómez Carrillo, antes de que este último se mudara con su familia a España, en 1881. O bien, que se haya topado con Jorgito tiempo después, o con Rafael Arévalo Martínez, quien nacería en 1884 y que escribiría notables obras como <em>El hombre que parecía un caballo</em> (1920) y <em>¡Ecce Pericles!</em> (1945).</p>
<p>Todo era sumamente tranquilo, con apenas actividades de entretenimiento y donde uno que otro ladronzuelo era descubierto muy de vez en cuando.</p>
<h2>	El doctor</h2>
<p>José Félix Matos Pacheco nació en la Ciudad de Guatemala, el 1 de septiembre de 1875, cuando el país apenas iba a cumplir 54 años de haber firmado el Acta de Independencia.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    Matos Pacheco fue uno de los fundadores de la Sociedad —actual Academia— de Geografía e Historia de Guatemala.                </h4>
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    <br />
Sus padres eran los inmigrantes colombianos Félix Matos Castillo y Clementina Pacheco Rueda, quienes llegaron al país en busca de mejores oportunidades.</p>
<p>Estudió en el Instituto Nacional Central para Varones. Continuó en la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional —así se llamaba en esa época la actual San Carlos—, donde obtuvo el título de Ciencias Políticas y Sociales, en 1896, con solo 21 años.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    Julio Gálvez, don Búho, famoso librero del Centro Histórico, compró la biblioteca de José Matos Pacheco. Gálvez falleció el 24 de octubre del 2015.                </h4>
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    <br />
En 1897 consiguió el cargo de secretario de la legación de Guatemala en Madrid, España, por lo que se marchó. Allá obtuvo el doctorado en Derecho, por la Universidad Central, al redactar una tesis sobre Derecho Civil.</p>
<h2>	Convulso regreso</h2>
<p>En aquellos tiempos, Guatemala pasaba por momentos políticamente difíciles.</p>
<p>Manuel Lisandro Barillas, al dejar su cargo en la presidencia, se dedicó a los negocios. Sin embargo, con la llegada de Manuel Estrada Cabrera al poder, tuvo que exiliarse en México por la constante vigilancia que tenía sobre sí de parte de la policía secreta.</p>
<p>Desde allá, junto con José León Castillo —aspirante a la Presidencia guatemalteca y quien había perdido unas elecciones contra Estrada Cabrera— maquinaron en 1906 una revuelta para derrocarlo.</p>
<p>En venganza, el <em>Señor Presidente</em> mandó a matar a Barillas, lo cual se consumó el 7 de abril del año siguiente. Ese suceso tensó las relaciones entre México y Guatemala.</p>
<p>Se dice que el mandatario mexicano, Porfirio Díaz, planeó invadir el país en represalia. Fue entonces que salió a escena Matos Pacheco, quien por entonces era subsecretario de Relaciones Exteriores. Con otros ilustres guatemaltecos, negociaron con los mexicanos; el ataque, que parecía inminente, se detuvo.</p>
<p>Otra versión indica que el ministro de Relaciones Exteriores de México, de apellido Mariscal, fue quien en realidad convenció a Porfirio Díaz de no agredir a Guatemala al decirle: “Fácilmente venceremos; pero de allí regresará un general victorioso y con él, ya lo sabe usted como buen mexicano, un aspirante a la presidencia”.<br />
</p>
<h2>	Ascenso</h2>
<p>En 1922, Matos Pacheco escribió su obra maestra, Curso de derecho internacional privado, que hasta la fecha se emplea en las facultades de Derecho de las universidades del país.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    Matos Pacheco  escribió Estudio del  Derecho Internacional de los países americanos y medios por los cuales puede ser más efectivo (1915); Segunda Sesión del Instituto de Derecho Internacional (1917); Curso de Derecho Internacional Privado (1922); Los principios del domicilio y la nacionalidad (1925); Repertoire de Droit International (1930);  Organización Internacional de Ginebra a San Francisco (1947). </p>
<p>Publicó, asimismo,  los artículos Le Statut International Privé du Guatemala, en el Dictionnaire de L&#039;Académie Diplomatique Internationale (1929) y Le Droit International Privé du Guatemala, en el Répertoire de Droit International Public, de Lapradelle y Niboyet.                </h4>
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    <br />
Un año más tarde fue nombrado Rector de la Universidad Nacional. A la vez fue catedrático de Derecho Internacional Público y Privado por 12 años.</p>
<p>Uno de sus estudiantes fue Miguel Ángel Asturias. Incluso, el Nobel de Literatura 1967 le dedicó palabras en su libro <em>París 1924-1933. Periodismo y creación literari</em>a, en un apartado titulado <em>Un profesor de Guatemala</em>. Asturias elogió a Matos Pacheco por una lección que brindó en Europa, de nombre <em>Esfuerzos en el sentido de evitar una nueva guerra mundial</em>. “La autoridad científica del maestro de tantas generaciones en nuestra universidad, es incuestionable, y en su alabanza nada podría agregarse ahora que la agregación de La Haya corona sus esfuerzos y le coloca entre los internacionalistas más visibles de Hispanoamérica. Cabe, sin embargo, decir que si a Guatemala corresponde la gloria de uno de sus hijos, en terrenos académicos donde lo único que cuenta es el valor intrínseco de la personalidad, a los guatemaltecos que todavía creen en los valores espirituales les es doblemente cara la obra realizada por el doctor Matos, pues, una vez más, siguiendo la tradición, el nombre de la patria suena en el extranjero asociado al de uno de sus hombres más cultos. Un profesor de Guatemala…”</p>
<p>El 1 de marzo de 1923, Matos Pacheco pronunció el discurso inaugural de la Universidad Popular, en representación de la Universidad Nacional.</p>
<p>En esa época, de 1923 a 1945, renovando en 1954, fue miembro de la Corte Permanente de Arbitraje, con sede en La Haya, Holanda, cuya finalidad consiste en la resolución de conflictos internacionales.</p>
<p>En 1926, durante el gobierno de Lázaro Chacón, se le designó secretario de Relaciones Exteriores.</p>
<p>Luego, con Jorge Ubico en la silla presidencial, Matos Pacheco fue nombrado Ministro Plenipotenciario, cargo que ejerció en Francia, Inglaterra, Bélgica, España, Italia y Holanda.</p>
<p>Por su talento diplomático, entre 1927 y 1933, representó a Guatemala ante la Sociedad de Naciones (SDN), en Ginebra, Suiza, un organismo creado después de la Primera Guerra Mundial y que tenía funciones similares a la actual Organización de Naciones Unidas (ONU).</p>
<p>De hecho, fue electo presidente del Consejo en la sesión de mayo a septiembre de 1932, algo que emuló el también guatemalteco Emilio Arenales Catalán, quien, entre 1968 y 1969, fue presidente de la XXIII Asamblea General de la ONU.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    Durante el  gobierno de Carlos Arana Osorio, Alejandro Maldonado Aguirre fue nombrado ministro de Educación. En esa época se construyó un instituto experimental en la zona 5 de la capital y se buscaba ponerle un nombre. &quot;Maldonado Aguirre propuso el nombre del doctor José Matos Pacheco, lo cual se aprobó. El Instituto se fundó en enero de 1974&quot;, comenta Víctor M. Aldana, profesor de Comunicación y Lenguaje de esa institución.                </h4>
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    <br />
Matos Pacheco, en la SDN, a finales de la década de 1920 y principios de 1930, medió en el conflicto entre Colombia y Perú por la ocupación del territorio de Leticia. También contribuyó a resolver el problema que enfrentaba a Bolivia y Paraguay en la disputa del Chaco.</p>
<p>Por supuesto, la actividad fue intensa en Europa. “Aquella era una época muy tensa en ese continente, pues acababa de salir de una guerra y hubo movimientos que hicieron pensar que se podía generar otra”, narra Francisco Javier Aguirre Matos, uno de los pocos familiares cercanos que quedan del insigne diplomático guatemalteco.</p>
<p>La Sociedad de Naciones mantuvo la paz hasta donde pudo, pero el ascenso de Adolf Hitler fue crucial para que, otra vez, el mundo se desangrara.</p>
<p>Poco antes de la hecatombe, Matos Pacheco decidió regresar con su familia al país.</p>
<p>Fue una lástima, porque en París, Francia, su hija Antonia Matos Aycinena destacaba como pintora; de hecho, fue la primera latinoamericana admitida en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de aquella ciudad. Allá se rodeó de varios artistas que hoy tienen expuestas sus obras en el Museo del Louvre.</p>
<p>A su regreso a estas tierras, Antonia Matos, apoyada por su padre, expuso algunas de sus pinturas, el 9 de junio de 1934, en una galería que estaba cerca del Cerrito del Carmen. Aquella fue la única exposición que presentó, pues se decepcionó porque Bellas Artes de Guatemala, escandalizada, la censuró: su obra presentaba desnudos.</p>
<p>Matos Aycinena falleció en 1994. Su patrimonio quedó en manos de personas que la rodeaban. Hasta hoy se desconoce el paradero de muchas de sus pinturas.<br />
</p>
<h2>	En la eterna primavera</h2>
<p>Matos Pacheco tuvo una vida más tranquila en Guatemala. Su casa estaba en la 5ª. avenida, entre 5a. y 6a. calles de la zona 1 capitalina. Ahí mismo tenía su despacho.<br />
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                                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-one-author">
                    El doctor  José Matos Pacheco hablaba español, francés e inglés.</p>
<p>Estuvo casado  con Antonia Aycinena y Payés, con quien procrearon dos hijas, María y Antonia. Ninguna tuvo descendencia.                </h4>
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    <br />
“A su casa llegaba mucha gente para pedirle consejos; políticos o diplomáticos”, cuenta Aguirre Matos, quien de niño convivió con Matos Pacheco. “Recuerdo que había un muchacho que iba bastante a verlo. Era estudiante de Derecho. Le agarró cariño a la familia”, agrega. “Era Alejandro Maldonado Aguirre, expresidente de Guatemala. Aquel jovencito aprendió mucho de mi tío abuelo”.</p>
<p>El diplomático murió el 7 de diciembre de 1963, a los 88 años. “Soldados de alta en la Guardia de Honor montaron guardia ante el cuerpo del doctor Matos Pacheco; hoy a las once horas se le trasladará al salón de recepciones del Palacio Nacional en donde funcionarios públicos montarán guardia ante su féretro”, publicó <em>Prensa Libre</em>.</p>
<p>El jurista fue trasladado a la iglesia La Merced y después se le despidió en el Cementerio General, donde hoy descansan sus restos.</p>
<p>“Necesitamos —Centroamérica— terminar con nuestras rencillas y nuestra mentalidad aldeana, ver más amplio, enfrentar serenamente el porvenir y pensar honradamente en el futuro de nuestros hijos, para mantener siempre incólumes los atributos de nuestra soberanía”, fue uno de los pensamientos que dejó el ínclito diplomático guatemalteco.</p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="revista-d" data-modified="120" data-title="José Matos Pacheco, ínclito diplomático" data-home="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co"></div>]]></content:encoded>
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