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                        <title>Indigencia, estatura moral superior al funcionario</title>
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                                                <pubDate>Sun, 16 Jul 2017 06:00:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Opinión</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img width="150" height="144" src="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/371ed861-d085-4ad3-9584-5109139d8634.jpg?quality=52&amp;w=150" class="avatar avatar-150 photo columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle wp-post-image" alt="Juan Carlos Lemus @juanlemus9" decoding="async" srcset="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/371ed861-d085-4ad3-9584-5109139d8634.jpg 400w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/371ed861-d085-4ad3-9584-5109139d8634.jpg?resize=150,144 150w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" loading="lazy" />									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Juan Carlos Lemus</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2017-07-16T00:00:00-06:00">16 de julio de 2017</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[Hace más de un siglo, Justo Rufino Barrios decretó que los indigentes atentaban contra la moral porque carecían de profesión, oficio, renta, sueldo y ocupación. Medio siglo después, Ubico los puso al servicio de los terratenientes, de los cafetaleros. Los forzó a trabajar gratuitamente como hizo con los indígenas, los dueños de “terrenos rústicos” y los desempleados. Los obligó a portar una constancia de haber servido, sin cobrar, en fincas “por lo menos tres manzanas de café, caña o tabaco, en cualquier zona; tres manzanas de maíz, con dos cosechas anuales en zona cálida; cuatro manzanas de maíz en zona fría; o cuatro manzanas de trigo, patatas, hortalizas u otros productos, en cualquier zona”. Algunos adinerados de actualidad deben su prosperidad a los indigentes, los indígenas y los desempleados cuya esclavitud puso la espalda y mano de obra.]]></description>
                                                                                        <content:encoded><![CDATA[<img width="400" height="384" src="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/91ea6d63-96ff-4591-a843-2447865d7744.jpg?quality=52&amp;w=400" class="attachment-featured-medium size-featured-medium" alt="Juan Carlos Lemus @juanlemus9" srcset="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/91ea6d63-96ff-4591-a843-2447865d7744.jpg 400w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/91ea6d63-96ff-4591-a843-2447865d7744.jpg?resize=150,144 150w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" loading="lazy" decoding="async" /><p>Hace más de un siglo, Justo Rufino Barrios decretó que los indigentes atentaban contra la moral porque carecían de profesión, oficio, renta, sueldo y ocupación. Medio siglo después, Ubico los puso al servicio de los terratenientes, de los cafetaleros. Los forzó a trabajar gratuitamente como hizo con los indígenas, los dueños de “terrenos rústicos” y los desempleados. Los obligó a portar una constancia de haber servido, sin cobrar, en fincas “por lo menos tres manzanas de café, caña o tabaco, en cualquier zona; tres manzanas de maíz, con dos cosechas anuales en zona cálida; cuatro manzanas de maíz en zona fría; o cuatro manzanas de trigo, patatas, hortalizas u otros productos, en cualquier zona”. Algunos adinerados de actualidad deben su prosperidad a los indigentes, los indígenas y los desempleados cuya esclavitud puso la espalda y mano de obra.</p>
<p>Hasta hace unos años, los indigentes eran vistos con cierto temor candoroso. Eran la amenaza empleada contra los niños mal portados. Te va a llevar el charamilero. Te va a llevar el viejo entre su costal. Eran seres animados no necesariamente humanos. Pero pasemos adelante, este julio 2017, al cuarto de don Panchito, hipocorístico con el cual quedó apuntado en los diarios el hombre que murió encerrado en una casa de la zona 5, rodeado por cuatro de sus perros que se lo comieron: tres canches y uno café tirando a negro. En ese cuarto de muros descascarados descriptores de una pobreza urbana extrema, hay montículos de trapos viejos, envases plásticos, pedazos de papel, una escoba. Un oso de peluche parece mirar hacia el cuerpo tendido del hombre, Panchito, que viste zapatos tenis, pantalón azul, y está como acurrucado, con el rostro pixelado en las publicaciones para que no suframos una conmoción, pues tras morir, no se sabe de qué, sus perros le comieron el rostro y un brazo.</p>
<p>Ese hombre muerto, cuasifetal, fue niño. Seguramente gateó, rio, se habrá subido a un resbaladero. Con el tiempo, quiso ser alguien en la vida, entiéndase alguien saludable, con un empleo y deseoso de pasear, de ir a la feria. Habrá tenido ilusiones. Amó, fue amado, acariciado, alguna vez, quién sabe. Los indigentes no nacieron así. Paco, Panchito y cuantos viven muertos en las aceras, antes esclavizados y ahora símbolo de indiferencia, son Nadie. Mueren en madrugadas frías, con hambre o delirando por abstinencia; bajo el sol, comidos del rostro por los moscos. En vida carecieron de salud, vestido y vivienda que les garantiza la Constitución, la cual no es para ellos, sino para gente importante, como Sinibaldi, que robó al país y repartió Q1,800 millones en sobornos.</p>
<p>Los “mendigos no patentados”, como los llamó Rufino Barrios, no implican un estorbo porque viven así, muertos, sin manifestar. Son los despojados, pero quizá, tienen la conciencia más limpia que los prófugos de la justicia, esa gente bien comida, de conciencia sucia, moralista integrante de bandas criminales que operan desde puestos de gobierno o del Mariscal Zavala. Mafiosos entre los mafiosos.</p>
<p>Veamos este mensaje, recuperado de la cuenta de tuiter del hoy prófugo de la justicia Julio Ligorría: “US$635 millones embargados a Kirshner, queda claro que la izquierda supero (sic) a la derecha y han demostrado su excelencia engañando y robando” (28 dic. 2016).</p>
<p>Los diputados que pelean un sueldo que no merecen, los prófugos de la justicia, los rateros de altos vuelos, hipócritas entre los hipócritas, afortunadamente nunca serán comidos por los perros, apenas serán esquilmados por los litigantes maliciosos. Que, para el caso, es lo mismo.</p>
<p><strong>@juanlemus9</strong></p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="opinion" data-modified="120" data-title="Indigencia, estatura moral superior al funcionario" data-home="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co"></div>]]></content:encoded>
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                        <title>“El hombre que fue Jueves”</title>
                        <link>https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/opinion/el-hombre-que-fue-jueves/</link>
                                                <pubDate>Sat, 04 Jun 2016 06:00:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Opinión</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
								<div class="columnista-individual-container reset-margin w-100 col-12">
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						</div>
						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2016-06-04T00:00:00-06:00">4 de junio de 2016</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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<p>“El hombre que fue Jueves” tiene una trama que parece absurda, a ratos ingenua, pero cierra con una genialidad insospechada. No se logra entender si todo lo sucedido fue realidad o solo un sueño del protagonista.</p>
<p>El personaje central, Gabriel Syme —el Iván Velásquez de la novela— es policía de Scotland Yard. Para combatir el anarquismo se cuela en el Consejo de los Días presidido por un tipo llamado Domingo. A Syme le corresponde el puesto vacante Jueves.</p>
<p>Comparar esa novela con la realidad guatemalteca puede ser absurdo, pero de eso se trata, precisamente, de identificar qué cables pelados sacan chispas a la hora de hacer contacto.</p>
<p>Los Jueves de Cicig nacieron a partir del 16 de abril de 2015, cuando la Cicig y el MP dieron a conocer el caso La Línea. Entre 2015 y 2016 vino una docena de jueves que instalaron el #JuevesDeCicig como los días en que se han asestado los más fuertes golpes a las estructuras criminales que operan en el Estado.</p>
<p>Lo revelado el 2 de junio pasado fue monstruoso, fue ver el rostro de la bestia. Intuíamos las dimensiones de la corrupción, pero fue como si aún sabiéndolo, a la vuelta de la esquina nos topamos con su cara y hocico descomunales. Ahora ya no sabemos si aparecerá algo todavía más enorme, como esas caricaturas donde los protagonistas atrapan al gorila y pronto advierten que atrás de él hay una pata gigante, es del padre o la madre que lidera una mandada. Más energúmenos del expolio irán apareciendo. En nuestro país se materializa aquella vieja adivinanza “¿Cuántos pelos tiene un mico de la cola hasta el hocico?” La respuesta será “sin cuenta”. Cada pelo es un funcionario o empresario corrupto carcomiendo un cuerpo que se rasca las pulgas. Surgen delatores, y de buena gana, pues se ha desatado la guerra entre corruptos.</p>
<p>En la novela de Chesterton, los personajes tienen la honorabilidad de la palabra. Syme no delatará que el poeta Gregory es anarquista, porque le dio su palabra; y Gregory, por la misma razón, no revelará que Syme es policía. En la vida real guatemalteca, hay una carnicería, un enloquecimiento, cada acusado ve cómo salva el pellejo. Más omertá existe entre los chuchos del carnicero. Diputados se humillan —o fingen hacerlo—, renuncian al Congreso o se acusan; Edgar Barquín ve cómo hunde a su otrora benefactor Chico Dólar. Pero humillarse o sobornar tiene su recompensa. Ahí tenemos a tres exdiputados y un exdirector del Congreso favorecidos por el juez Walter Villatoro, quien al beneficiarlos con arresto domiciliario enciende la luz al final del túnel para consuelo y esperanza de los que siguen en la fila, como Luis Rabbé.</p>
<p>Al llegar al Consejo Anarquistas desde el que se pretende destruir al mundo, Jueves descubre que todos en aquella mesa son espías. Esperemos que a Iván Velásquez no le suceda eso, y menos que al final no sepa si cuanto le sucedió fue un sueño. Esperemos que, semejante a Syme, Velásquez no despierte en su natal Medellín pensando que soñó que vivía en Guatemala y hacía todas estas cosas importantes.</p>
<p>Los buenos libros tienen su toque divertido. Igual, en la conferencia de prensa del jueves la línea cómica la trazó Jimmy Morales. Quiso lucir con sombrero ajeno, se metió a responder algo que ni le preguntaron y aprovechó para exhibir demagogia. Lucía, allí sentado, como ligado a ese proceso, al proceso de la recuperación del Estado, claro.</p>
<p><strong>@juanlemus9</strong></p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="opinion" data-modified="120" data-title="“El hombre que fue Jueves”" data-home="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co"></div>]]></content:encoded>
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                        <title>La Cometa, de Andamio Teatro Raro</title>
                        <link>https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/opinion/la-cometa-de-andamio-teatro-raro/</link>
                                                <pubDate>Sat, 14 May 2016 06:00:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Opinión</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Juan Carlos Lemus</h2>
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                                                <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[Favoreció a Luis Carlos Pineda distanciarse de montajes teatrales más o menos realistas, esos donde hay plomazos pregrabados, con pistolas de plástico que resuenan escandalosamente ¡pum! ¡pum! en toda la sala, seguido de llanto y la caída de rodillas de un cuerpo junto a otro desfallecido. Entró Luis Carlos —hace ya años— a crear escenas más complejas, más efectivas donde lo impactante cede paso al diálogo de la conciencia.]]></description>
                                                                                        <content:encoded><![CDATA[<img width="249" height="249" src="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/b3cacb17-4fbc-45fe-a3e1-a2dfebd6935b.jpg?quality=52&amp;w=249" class="attachment-featured-medium size-featured-medium" alt="Juan Carlos Lemus" srcset="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/b3cacb17-4fbc-45fe-a3e1-a2dfebd6935b.jpg 249w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/b3cacb17-4fbc-45fe-a3e1-a2dfebd6935b.jpg?resize=150,150 150w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/b3cacb17-4fbc-45fe-a3e1-a2dfebd6935b.jpg?resize=80,80 80w, https://prensalibre-com-develop.go-vip.co/wp-content/uploads/2018/12/b3cacb17-4fbc-45fe-a3e1-a2dfebd6935b.jpg?resize=96,96 96w" sizes="auto, (max-width: 249px) 100vw, 249px" loading="lazy" decoding="async" /><p>Favoreció a Luis Carlos Pineda distanciarse de montajes teatrales más o menos realistas, esos donde hay plomazos pregrabados, con pistolas de plástico que resuenan escandalosamente ¡pum! ¡pum! en toda la sala, seguido de llanto y la caída de rodillas de un cuerpo junto a otro desfallecido. Entró Luis Carlos —hace ya años— a crear escenas más complejas, más efectivas donde lo impactante cede paso al diálogo de la conciencia.</p>
<p>Aun cuando dedico este primer párrafo a reconocer la trayectoria del dramaturgo, investigador y director teatral Luis Carlos Pineda, cuya más reciente puesta en escena es La Cometa, lo que pretendo explicar a continuación es lo valioso y excepcional de Andamio Teatro Raro. Las puestas en escena de este grupo superan varios niveles de complejidad. El primero es que expone realidades históricas dolorosas, como esta obra que trata sobre las secuelas de los asesinatos y desapariciones ejecutadas por el Ejército durante el conflicto armado.</p>
<p>Por mucha trayectoria que posea el ser humano/actor, ha de resultarle difícil dar vida a esa tenebrosa realidad. Y encima, interpretar al torturador, al despreciable. Aquí, se complica la situación, porque luego de hacer contacto documental con ese pasado, hay que teatralizarlo. ¿Cómo combinar ficción y realidad sin privilegiar a uno u otro para que comunique la esencia? ¿Cómo ficcionar la crudeza sin reblandecerla? En otras palabras, ¿cómo llevar el crimen a la teatralidad?</p>
<p>Por una parte, Teatro Raro evita que fisuras de fantasía teatral muten en mentira ficcionada; por la otra, elude la reproducción en bruto de tan sangrienta realidad. Eso es algo difícil de conseguir. Lo fácil sería montar escenas lo más realistas que se pueda, una suerte de vestigios actorales estanislavskianos donde se diera énfasis a la interpretación del sufrimiento tras los plomazos ¡pum! ¡pum!</p>
<p>Otro nivel de complejidad es la búsqueda del consenso escenográfico que permite construir el teatro pobre de Grotowski con las buenas posibilidades de la sala, en este caso, del teatro Lux, donde se presenta La Cometa, con el respaldo del Centro Cultural de España. Esto es, casa lo pobre con lo medianamente burgués. Esa combinación de trabajo actoral, escenografía y vestuarios sobrios, pero con presupuesto, más un texto que interpela a la conciencia del público son abrazados por el estudio de iluminación diseñado por el maestro Josué Sotomayor.</p>
<p>Margarita Kénefic, Rubén Ávila, Camilla Camerlengo, Barry Goldwasser, Daniela Castillo y Claudio Padilla generan una energía que se expande por entero. La sala se inunda de su ímpetu. Transforman la carga negativa documentada en energía transformadora para la conciencia. Son un colectivo disciplinado, profesional, apasionado. No hacen teatro exquisito. Tampoco grotesco. Teatro Raro me parece antropología forense teatral.</p>
<p>La trama, además de señalar los crímenes de Estado, critica los problemas de convivencia entre los activistas tras años de lucha; el desgaste que surge. Es un espejo del machismo y las deficiencias intelectuales que hay entre líderes o grupos que se estancan en discusiones ruidosas.</p>
<p>Teatro Raro se formó desde 2004. La primera obra suya que presencié fue Tierra, en su sede dentro del Teatro de Bellas Artes, en una sala para un público de solo 20 personas.</p>
<p>Hoy es la última función. Obra recomendable para estudiantes de universidades privadas y colegios adheridos; militares jóvenes, en formación; historiadores aún confundidos, gente apolítica, y para ciertos columnistas, jueces y magistrados que no van al teatro desde Los árboles mueren de pie.</p>
<p><strong>@juanlemus9</strong></p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="opinion" data-modified="120" data-title="La Cometa, de Andamio Teatro Raro" data-home="https://prensalibre-com-develop.go-vip.co"></div>]]></content:encoded>
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