REGISTRO AKÁSICO

El enano cachimbón

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La política exterior no puede expresarse con emociones. La presencia de un toro en una cristalería, solo puede provocar destrozos. De la misma manera, un fárrago de declaraciones llenas de sentimiento y nombres propios, dichas por el titular del Ejecutivo, no es conveniente para el país.

Eventualmente, puede existir asociación para coordinar posiciones, situación de difícil establecimiento, por la poca estatura geoestratégica del país. La lectura del artículo 151 constitucional expresa no solo compartir posiciones, sino que se reconoce el padecimiento de problemas. Por lo tanto, la condena a cualquier invasión de un país soberano, las anexiones territoriales y la destrucción de bienes de civiles se sustenta en el mandato constitucional de promover el respeto y defensa de los derechos humanos, y en el fortalecimiento de los procesos democráticos e instituciones internacionales. Pero hasta ahí.

' Afán exhibicionista en asuntos serios de la problemática internacional no beneficia a nadie.

Antonio Mosquera Aguilar

Nuestro país no tiene que tomar iniciativas ruidosas porque carece de medios materiales para apoyar sus declaraciones. No se van a enviar carros de combate, medios aéreos o munición a ningún lugar del mundo. En Ucrania, el Medio Oriente, África, etc., solo cabe una posición ética, apegada al derecho de gentes e internacional, cuya expresión son las votaciones en los distintos foros del mundo. No es gran cosa levantar la mano. La explicación se ofrece en el país, sin dramatizarse por representantes del Ejecutivo, sin discusiones con corresponsales de prensa. Mucho se hace, al aportar tropa en las misiones de paz de Naciones Unidas, que, por cierto, a pocos interesa. Tantos vociferantes locales de los derechos universales y ni una palabra por los expedicionarios guatemaltecos. La relación con Taiwán es una situación heredada, complicada por la Guerra Fría. Se debe buscar una salida, sin daños a personas en su patrimonio o en sus relaciones familiares, y también con atención a los intereses nacionales. El llamado de la República Popular China (RPC) después de la visita presidencial a Taiwán es para reflexionar asumiendo esos puntos. El asunto está complicado, por quienes buscan beneficios personales. Todos han visto a políticos lograr ganancias espurias, al negociar la política internacional o, peor aún, realizar estafas. Está todavía fresco el engaño a inversionistas de la RPC por varios millones de dólares a una empresa eléctrica, durante el gobierno de un general. O aquella dádiva para establecer bibliotecas, donde colaboraron conocidos políticos y salió dañado un expresidente.

En Centroamérica, la mayoría de países han decidido establecer relaciones con la RPC, en atención a sus intereses nacionales. Son asuntos de ejercicio soberano. Igualmente, no hay habilitación para burlarse de EE. UU. por su falta de liderazgo y establecer alianzas perversas con ciertos regímenes. No se puede ir por el mundo como un enano bravucón, retando a todos y lanzando golpes al aire.

En la guerra de Ucrania, la RPC, en medio de la problemática mundial, donde hay un sistema de sanciones y contramedidas, ha expresado un plan de paz de 12 puntos, desde una posición equidistante frente a las partes beligerantes y los sendos bloques de apoyo. En las dos posiciones existen interesados en levantar profecías bélicas futuras para atacar a la RPC. La política exterior nacional no puede sumarse a una condena sobre predicciones de invasiones que sobrevendrán, ni hacer críticas insidiosas a una potencia mundial. En palabras claras, el país no puede emprender acciones materiales contra ninguno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, uno de ellos, la RPC.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.