A ritmo de la música electrónica, el desfile se realizó en un cuartel de ladrillo rojo convertido para la ocasión en un laberinto donde los modelos se extravían tratando de encontrar la vía entre separaciones provisionales, bajo la divertida mirada de los invitados, periodistas y celebridades.
Leal a su fama de creador y explorador, Jonathan Anderson eligió darle picante a sus prendas con una sabia colección de bordados coloridos y motivos en crochet que se extienden, pegados unos a otros, sobre suéteres, mantillas, zapatos o bolsas, como las páginas de aplicaciones móviles en las pantallas telefónicas.
“Se parece a un iPhone, a las aplicaciones”, afirmó.
Para el próximo verano, el estilista, hijo del ex jugador internacional de rugby Willie Anderson, propone también abrigos de lana con amplias mangas de enorme tamaño que ocultan las manos y caen hasta la mitad de los muslos.
Realista, el creador reconoce que la extensión tan larga de esas mangas no es “funcional” y agrega, con sentido de autoburla muy británica: “No es ideal para salir a cenar o para comer espaguetti a la boloñesa”.
Jonathan se inspira de las nuevas tecnologías, y también en la historia de los impresos que recuerdan los frescos medievales presentes en un confortable conjunto compuesto por un pantalón holgado, estilo sarouel (de tipo calzón), o un par de jeans acompañados con una cazadora de aviador de color verde.
La colección comunica comodidad con formas amplias, generosas, “protectoras”, dice Anderson, como las largas camisas de tipo delantal que recuerdan a las tradicionales prendas indias shalwar kameez, que se usan en el Sudeste asiático.
Luego la muestra viajará a París, Milán y Nueva York.