Alfred Kaltschmitt
Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.
NOTAS DE Alfred Kaltschmitt
Es evidente que lo que estamos viviendo el día de hoy es una confrontación ideológica disfrazada de argumentos relacionados con el combate a la corrupción y la impunidad. La estrategia es obvia: Se maximizan los errores del gobierno, sus pifias y torpezas, se minimizan sus logros, pero también los desaciertos y errores de una Comisión con casi 12 años en Guatemala, incluyendo el mal manejo de Guterres a las quejas del Gobierno de Guatemala, dadas a conocer públicamente por el embajador Skinner Klee. Minimizan también la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, calificando al consejo “como hipócrita y cloaca de prejuicios políticos”.
Hoy martes el presidente de la República hablará en la 73 Asamblea General de la ONU. Es de esperar que en su discurso aborde las discrepancias que existen entre el gobierno de Guatemala y la ONU/Cicig y el deterioro a nivel de rompimiento a que han llegado.
Durante 11 años hemos tenido a la Cicig en Guatemala tratando de combatir la corrupción y la impunidad. Este columnista ha escrito a lo largo de esa década y pico muchas columnas. En ellas se puede seguir un interesante hilo histórico a través de las diversas fases de la Cicig, sus comisionados, sus desafíos, sus derrotas.
Henos aquí, 11 años después, tratando de reformar a la Cicig. Polarizados, entre movimientos organizados de la llamada sociedad civil, izquierda, progre, —o como se le quiera llamar— y una variopinta derecha, conservadora —o como se le quiera llamar— de diversas tonalidades.
“En la política la forma es fondo”, una frase atribuida al mejicano Jesús Reyes, ideólogo del PRI. El discurso del presidente Morales de la semana pasada hay que analizarlo bajo varios escenarios de forma, fondo y contenido: las patrullas militares rondando lugares sensibles; el grupo de militares detrás del presidente. El hecho de que solo estuvieran los dos ministros de gabinete que conforman el Consejo Nacional de Seguridad (algo que no se dijo, pero era), todo eso fue “forma” que contribuyó a percibir al presidente y su discurso con elementos impregnados para transmitir fuerza, control y determinación. Evidentemente no fue bien recibida por la oposición política, e incluso en muchos del campamento de aliados.
De todas las frases aplicables a la coyuntura, la más refrescante es la de Heráclito: “No hay nada permanente excepto el cambio”.
Algo inédito en la historia del periodismo ocurrió el pasado 12 de agosto en los Estados Unidos, cuando 350 periódicos coordinaron sus editoriales en contra de las declaraciones del presidente Trump, quien días atrás había dicho que “la prensa era el enemigo del pueblo”. Una narrativa reiterada que venía manejando desde que tomó posición, calificando a la mayoría de la prensa como “fake news” o noticias falsas.
Creo que se le atribuye a Margareth Thatcher la frase: “Puede ser el gallo el que cacarea, pero es la gallina la que pone los huevos”.
Cuando uno viaja por países de Europa no puede dejar de confirmar que la Cultura Cuenta, como afirmaron hace décadas, los académicos Samuel Huntington y Lawrence Harrison en el libro del mismo nombre.
A propósito de la Feria del Libro viviendo una transformación cultural mientras trata de volar entre las páginas de papel, —y las impresiones etéreas binarias digitales electrónicas de Kindle y similares— no puedo dejar de percibir esa relación tan estrecha de interpretar nuestra realidad nacional bajo el prisma de ese movimiento literario, que le permitió a Asturias, a García Márquez y a otros más describir realidades políticas con elementos fantásticos y míticos.