Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.

NOTAS DE Alfred Kaltschmitt

<div> Aunque lo que publiqué no era nada nuevo, mi última columna generó varios correos de miembros o activistas de partidos políticos comentando que los “enredos” señalados en el artículo son solo la punta del iceberg. Adelantan probables acciones de inconstitucionalidad, debido a las lagunas, a las interpretaciones del Registrador Nacional y a las enmiendas que los progenitores parlamentarios le hicieron a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, sin anticipar los enredos que ciertos artículos, con profundas lagunas, generarían al operarlas en </div><div> campo.</div>
Las lagunas son tantas y las reglas tan difusas que los partidos no saben qué hacer.
Han pasado nueve años desde que escribí una columna que titulé: Desviación de la Visión. Leyéndola hoy, uno se percata de que en el 2009 vivíamos el mismo síntoma de la misma enfermedad que hoy nos aqueja: un  país sin rumbo, sin norte y con una brújula, dando volteretas alocadas, jalado por los mismos imanes de entonces. Leamos:
La muerte del Dr. Jesús Oliva, —acaecida después de guardar prisión preventiva por más de tres años— no fue un suicidio. Será ese acto el efecto, pero jamás la causa de tal tragedia. La causa fue la irresponsabilidad de los jueces Morelia Ríos Arana de Villalta y Miriam Hernández López, por negarse a otorgarle una medida sustitutiva a pesar  de los informes médicos con diagnósticos de que padecía de “depresión crónica, ataques de ansiedad, miedo e ideas suicidas (…)” . Es el segundo detenido del caso Igss-Pisa que muere en prisión. En el 2016 murió el Dr. Erwin Castañeda Pineda.
Lo veo desde arriba, arrojando humo, lodo y cenizas calientes sobre humanos y animales. Diminutas figuras con la sorpresa de la muerte súbita todavía en sus labios. De este su volcán, con el que convivían y se comunicaban, entendiendo sus retumbos, sus bocanadas de humo eructado y sus silencios de sueño dormido que de repente, se volvió loco “lanzándonos su furia como si fuésemos extraños y ajenos a su vecindario…”
Impacta el caso del niño Molina Theissen. Representa los muchos menores inocentes que murieron durante el conflicto armado interno en medio de indescriptibles sufrimientos y atrocidades.
Abiertamente señalado por los Estados Unidos como una narco dictadura, con un rechazo lapidario de 8 de cada 10 venezolanos, una hiperinflación de 13,800 por ciento; el nivel de producción petrolera más baja en 30 años; con muchos de sus ciudadanos comiendo de basureros; los hospitales en crisis, sin medicinas y en una situación tan caótica que ha generado la llamada  “gran diáspora bolivariana” calculada en el éxodo  4 millones de venezolanos, Nicolás Maduro se reelige con un anticipado “no reconocimiento” de la mayoría internacional.
Entre tuitazos, feisbucazos, editoriales, columnas, talk shows de radio, televisión y conferencias de prensa, nos movemos. Una masa ideológica amorfa en constante movimiento, tirándose a la yugular con argumentos ajenos a la centralidad de la cuestión o a la problemática de fondo.
En los próximos días el traslado de la Embajada de  Estados Unidos a Jerusalén, programado para el 12 de este mes, culmina una operación cuidadosamente planificada para darle al presidente Donald Trump importantes armas diplomáticas para la salida anticipada de los Estados Unidos del Acuerdo Nuclear de Irán.
Destacaré que al final de la vida para un político hay un balance que cuenta: el favor y el amor del pueblo. Álvaro Arzú murió admirado y con honores. El balance de su vida dentro de la actual coyuntura deja un vacío en el tablero político. Sostuvo a la patria en los momentos difíciles de su historia, incluyendo la encrucijada en la que nos encontramos hoy.