Alfred Kaltschmitt
Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.
NOTAS DE Alfred Kaltschmitt
En la contraportada del libro se lee “Los guatemaltecos no poseen hoy una verdadera seguridad social. El IGSS, creado en otra época y en el que tantas esperanzas se depositaron, no alcanza a proporcionar jubilaciones y pensiones dignas ni a brindar una efectiva atención en salud. Su historia es frustrante: a pesar de algunos intentos de administrarlo de una mejor manera, no ha logrado convertirse en el instrumento que Guatemala necesita para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Es por los hombres que lo han dirigido o se trata de un fallo mas profundo, de lo errada de su misma concepción?
En estos momentos de alta crispación política quiero aportar a esta reflexión la palabra “encrucijada” Del Drae: 1. “Lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos 2. Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza. 3. Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir.”
Un enero con fríos intensos y aires de alta crispación política se inició en el 2018. El tema del combate de la impunidad prosigue su hoja de ruta, reducida, para lamentos de unos y alegría de otros, a aforismos simplistas de “pacto de corruptos, etcétera...” Viene a colación el aforismo de Gustave Flaubert cuando dice: “El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente”.
“Dos momentos: El primero cuando los rayos del sol se cuelan entre las ramas altas de los árboles, regalándole la sombra a los cafetales de esta hermosa hacienda antigüeña por donde camino temprano en la mañana. Olor a tierra mojada y hojas haciéndose abono para obsequiarle sus nutrientes a las matas de café, cuyas hojas se encienden y se apagan con los rayos solares mañaneros.
La mirilla telescópica pareciera apuntar contra el blanco de la corrupción y la impunidad. El círculo con la cruz está encima del blanco. Se aprieta el gatillo, pero el tiro sale por la culata. No solo no da en el blanco, sino dispara a blancos que no son realmente blancos genuinos, incluidos los blancos dentro de la descripción expresa del acuerdo original de “combate a la impunidad”. La práctica conforme ha pasado el tiempo se centra en blancos movibles, de alto perfil político, motivados por presiones e intereses. La palabra impunidad se torna poco a poco impune…
Mantras, misas, incienso y cohetes y el 2018 nos abre la puerta cargando las mismas penas y todo el bagaje sociopolítico que como sociedad hemos construido a partir de quienes somos, como pensamos y como vivimos como guatemaltecos en las varias guatemalas que se entrelazan. Vivimos en un mundo pluricultural y multiétnico. Cada una de nuestras culturas, alumbra de alguna manera a la otra. Nos entrelazamos como una trenza multicolor, indígenas, ladinos, todos viviendo en diferentes esferas, pero en un mismo país.
Me despierto con el café, ese compañero que en cada alba conmigo amanece en contacto personal e íntimo para animar y acelerar mi pensamiento todavía aletargado por la larga noche.
En medio del denso trajín —y ajena al bullicio circundante del aeropuerto en donde me encuentro—, una joven mujer está sentada frente a mí, totalmente concentrada en la lactancia de su bebé. Atisbo un pequeño rostro detrás de un velo tapando con discreción el pecho de su madre. Él bebé abre unos segundos sus ojos y me mira. Luego los cierra como si quisiera contarme en un instante cómo se siente. Y entonces elucubro esta columna al ver una escena cada vez menos común en la era de la agitación y la velocidad virtual. La era de las prisas y las conveniencias debido a la proliferación de las leches de “fórmulas”, al temor de los pechos caídos y a la proliferación los silicones inyectados. Aclaro no estar en contra de ninguna de esas cirugías estéticas, solo subrayo la realidad de ese obsequio divino llamado lactancia materna. Percibí este mensaje del bebé:
Este país con nombre de “tierra de árboles” tiene un sistema político de raíces podridas. Cada día es más nulo, corrupto y clientelar. Por más chapuces que le hacemos, el bosque de nuestra realidad se vislumbra con un horizonte que perfila ingobernabilidad y tormentas de alta conflictividad.
Escribo esta columna mientras termino una visita a Colombia, en donde he pasado unos días muy agradables. Hablé con académicos, periodistas, empresarios, profesionales y gente diversa encontrada en la corriente diaria de una visita por demás interesante y reveladora de las dificultades que se viven en estos momentos en que los acuerdos de la paz pasan la factura y la realidad política de pactar con el mayor grupo de narcoguerrilleros terroristas del mundo, pega con fuerza de cara a las próximas elecciones, en donde las FARC, sin necesidad de un solo voto, habrán ganado cinco escaños en el Senado y cinco en el Parlamento. Esto en adición a la posibilidad de competir con su candidato presidencial sin ninguna restricción legal por los actos criminales amnistiados en la letra grande y pequeña de los acuerdos de paz. La gran mayoría de los colombianos con los que hablé rechazan con vehemencia esta realidad.