Editorial

NOTAS DE Editorial

Hasta un borracho votó por el deficitario, irresponsable y clientelar presupuesto del 2023, aunque en realidad los 114 diputados que se coaligaron para aprobarlo estaban completamente embriagados de soberbia, ambiciones electoreras e incluso de una engañosa sensación de impunidad.
El TSE puede ahorrar mucho dinero de los contribuyentes al desistir de este despropósito, cuyo costo supera el presupuesto inicialmente estimado, en un país plagado de necesidades.
Sostener partidos transgresores no es la función del TSE y aún está a tiempo de ponerse al día.
A 432 días del final de este gobierno y a 78 días de la convocatoria a comicios  generales, todo uso extemporáneo, clientelar o   electorero  comienza a pesar en sentido inversamente proporcional a lo que se quiera vender, sobre todo si se toma en cuenta que una de las promesas de campaña  de Vamos fue “cero baches a nivel nacional en los primeros seis meses de gobierno”. Y van 33.
El llamado a los seis finalistas es optar por la dignidad y una vez al frente de la CGC, su única misión es defender los recursos aportados por los ciudadanos. O sirve al pueblo de Guatemala o no sirve.
Sería largo enumerar los nombres de realizadores y producciones que a fuerza de perseverancia lograron abrir espacios en festivales internacionales y carteleras de países centroamericanos.
Es nuestro más sincero deseo que el gobierno y el pueblo ecuatoriano encuentren las vías efectivas de derecho para superar este grave brote violento, pero el verdadero reto a largo plazo es recuperar la gobernabilidad, erradicar la corrupción e impulsar el desarrollo humano integral como única vía sostenible para evitar que los grupos criminales recluten a más jóvenes como carne de cañón.
Es muy probable que las alcaldías estén rehuyendo el previsible descontento que conllevará toda regularización de prestadores de servicio de transporte, pero se trata de un deber ineludible, al menos si se precian de ser autoridades.
Lejos de afrontar la realidad con un espíritu de autocrítica y proactividad, el Ministerio de Educación lo que ha hecho desde 2020 es presionar a los planteles para que ayuden a los estudiantes con rendimiento deficiente a ganar el año, no a aprender.
Lanzar el deporte nacional a un agujero negro a causa de la ambición de un grupúsculo sería una necedad insólita que le robaría al ciudadano la alegría de ver triunfar a sus deportistas.