Editorial
NOTAS DE Editorial
La enorme riqueza natural, histórica y patrimonial que posee el país es una de las principales razones por las que un turista decide visitar Guatemala.
Aunque el Parlacén nació con buenas intenciones, el principal problema es su efectividad, pues, a diferencia de otros entes regionales similares, sus resoluciones no son vinculantes y la única forma de revertirlo es que los presidentes de sus países miembros —República Dominicana, Panamá, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala— decidan cambiar las reglas.
Conocer las cifras anuales es importante para trazar el rumbo de las cosas, y para este caso lo primero debe ser propiciar un mejor aprovechamiento a nivel familiar y comunitario de los fondos que llegan de Estados Unidos, mediante el ahorro y la inversión en educación.
Por más planes y buenas intenciones que tengan las autoridades entrantes, el problema toral radica en la necesidad de aumentar la inversión en el sistema educativo del país.
Aunque podría resultar lógico que un gobierno nombre, para algunos puestos, a gente de su entera confianza y línea de pensamiento, las dudas sobre el verdadero propósito del acuerdo toman fuerza cuando se ve el contexto, y se conocen, a través de filtraciones a los medios de comunicación y no de una información frontal, los recientes nombramientos de personas allegadas al actual oficialismo.
Este proyecto nacional contiene grandes metas nacionales trazadas bajo una metodología de trabajo que requería de una ejecución sostenida, técnicamente monitoreada y políticamente consensuada.
Autoridades, padres de familia, maestros e iniciativa privada deben sentar pronto las bases para que quienes poseen una capacidad mayor de aprender, manejar, dominar y resolver situaciones con cualquier clase de conocimiento sean atendidos como se debe y se apueste a que, ejerciendo su liderazgo, puedan aportar sus conocimientos y talentos en la solución de problemas históricamente no atendidos de forma correcta en el país.
Definirse entre sí como aliados estratégicos no debe ser solo parte de la narrativa para alcanzar los intereses políticos de los gobernantes de turno, sino que se debe capitalizar en beneficio de los ciudadanos de ambos países.
Lamentablemente para la sociedad guatemalteca, y muchas más en el mundo, disparar al cielo para celebrar una ocasión es una práctica popular que no se logra erradicar, a pesar de que año con año muchas personas mueren como consecuencia de este detestable e irracional acto.
En plena era digital, que se encuentra en franca expansión y pendiente de tantas soluciones en servicios globalizados, Guatemala ha dado muestras de contar con un potencial humano de primer nivel, con capacidad de inventiva que nada tiene que envidiar a otras naciones y, sobre todo, con una posición geoestratégica que podría y debería convertir al país en un verdadero nodo digital hemisférico.