Ileana Alamilla

Ileana Alamilla

NOTAS DE Ileana Alamilla

El país ha estado sufriendo de una enfermedad endémica, esas a las que uno finalmente se acostumbra y busca los paliativos para sobrellevarla, no para atenderla en sus causas y buscar su cura. Hemos venido de crisis en crisis. Las finanzas siempre están a tres menos cuartillo, abriendo un hoyo para tapar otro. Los gobiernos, sucesivamente, se echan la culpa; el de Pérez Molina fue cachado con las manos en todas las masas en donde las metieron, los anteriores tuvieron la suerte de no tener en el escenario a la Cicig.
En el marco del Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas es oportuno recordar a nuestros colegas asesinados por delincuentes que cegaron valiosas vidas, dejando un enorme vacío en sus hogares, en las redacciones y cabinas y en el gremio, con las respectivas repercusiones en la sociedad.
La corrupción, socialmente, no es un cáncer. Este se cura o mata. La otra es como una enfermedad endémica que, siendo infecciosa, afecta de manera “permanente” un cuerpo vivo, pudiendo no necesariamente matarlo, pero mantenerlo en condiciones precarias de sobrevivencia.
El recién electo presidente ha creado expectativas en algunos sectores, en otros frustración, pero es el mandatario y así debemos aceptarlo, lo que no significa que tomemos, como usualmente había ocurrido, una actitud pasiva, indiferente y apática.
El contexto en el que estas elecciones presidenciales en su segunda vuelta se llevaron a cabo fue trágico. Lo ocurrido en el Cambray II, con su cauda de sufrimiento, constituyó un golpe al corazón de la sociedad, a lo cual debemos sumar el repudio al sistema político, la crítica a los partidos y a los diputados, la frustración de los movilizados sobre los pobres resultados de sus expectativas, la escasa perspectiva de mejorar nuestro futuro, pues las campañas de los candidatos finalistas, Sandra Torres y Jimmy Morales, poco entusiasmo provocaron para la generalidad de las personas.
Es indiscutible el aporte de las mujeres a la economía de los países, aunque no esté cuantificado ni valorado; sus contribuciones en distintos ámbitos del desarrollo también están documentadas y no digamos su “histórico papel” al frente del hogar, el cuidado de los hijos, los adultos mayores, los enfermos y cuanta persona necesita de su asistencia. Ellas reproducen la fuerza de trabajo, día a día y generacionalmente, además de trabajar en condiciones inequitativas.
El viernes 16 se realizó un foro para conmemorar el Día Mundial de la Alimentación, establecido para concientizar a las poblaciones sobre el problema alimentario mundial, mensaje dirigido no a quienes padecen esta problemática, sino a aquellas que deben fortalecer su solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza; y para celebrar los 70 años de fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
La niñez, esa edad tan disfrutada por los pequeños que con sus risas alegran los hogares y con sus ocurrencias hacen reír hasta los parientes más “serios”, es uno de los tesoros más valorados por los países desarrollados y por aquellos que cuentan con gobiernos preocupados por el bienestar de su población.
De manera muy discreta y temerosa, los diputados aprobaron en primera lectura, por iniciativa del partido UNE, la Ley de Desarrollo Rural Integral que, al nada más mencionarla, levanta anticuerpos, suelta demonios y fantasmas y recibe el rechazo unánime de quienes consideran que el área rural no necesita de leyes ni de ese desarrollo contenido en la ley, sino que debe esperar que el crecimiento económico lo provoque.
Pareciera que nuestro país tiene sobre sí una nube de adversidades que lo persiguen, ya sea por hechos provocados por los seres humanos, como el reciente caso del fraude aduanero que ha mantenido el interés nacional e internacional, así como los fenómenos naturales que provocan desastres sociales.