Ileana Alamilla

Ileana Alamilla

NOTAS DE Ileana Alamilla

Hablar de los privados de libertad es complejo, sobre todo en un país signado por la violencia, por la presencia de grupos delincuenciales que se han caracterizado por la ausencia de humanidad, por la saña con la que ejecutan sus crímenes y por el declarado desprecio a la vida de los demás y a la propia.
Hay problemas que son vitales, pero de poca atención efectiva por parte del Estado, tales como el acceso a la salud y la educación, las condiciones de una vida digna, el trabajo decente y la vivienda. El papa Francisco lo recordó en su intervención en Naciones Unidas, al referirse a la cultura del descarte de los excluidos, de todas esas personas a las que se les violan sus derechos y a la apremiante necesidad de la resolución de las necesidades del ser humano: techo, trabajo y tierra.
Nosotros estamos pensando en un futuro inmediato, en el gobierno de transición de estos escasos cuatro meses, mientras que a nivel global se está viendo el futuro a 30 años y es hasta cierto punto comprensible, pues la coyuntura a muchos todavía los tiene encandilados y nos está absorbiendo, especialmente por lo inédito de los casos que están frente a la justicia.
Y entramos a la segunda fase de la campaña electoral. Pocos días tienen los finalistas para la necesidad ingente de convencer a los indecisos, aliarse con los que potencialmente aportarán más votos y afianzarse en las áreas en donde han mostrado fortalezas. Será una carrera contra el viento y también contra la marea de críticas que ambos están recibiendo, según sea la simpatía que periodistas, analistas y grupos sociales tienen por una u otro.
El gobierno de transición empezó a configurarse. Ya muchos han advertido que son muy pocos meses para esperar que se alcancen cambios cualitativos, antes de hacer entrega de los cargos a la administración que asumirá el próximo 14 a las 14, pero algo podrán adelantar, por lo menos revisar el estado de cosas y tomar algunas decisiones que, a lo mejor, puedan ser relevantes.
Todo cambió pero hasta ahora, en muchas cosas, todo sigue igual. En términos de equidad de género, las mujeres observamos una insignificante mejoría. El sui géneris proceso electoral significó, en términos reales, una manifiesta situación de persistencia de desigualdad en cuanto a la presencia de la mujer en cargos de elección popular, especialmente en el ámbito municipal, en donde se redujo el número de alcaldías que estarán dirigidas por ellas. En el período anterior hubo 13 alcaldesas, mientras que ahora únicamente nueve de las 338 alcaldías; es decir, el ínfimo resultado del 2% de representación.
Estamos en las fiestas de Independencia, cuando los símbolos patrios cobran relevancia, en pleno fervor patrio. Nunca como ahora dichos símbolos habían socorrido a tantos movimientos sociales. Las banderas ondearon al viento, en cielos igualmente azules y otros nublados, las que por cierto también contribuyeron a incrementar los ingresos de algunos trabajadores de la economía informal. Acompañaron la indignación ciudadana ante la corrupción.
Hoy tenemos un candidato ganador de la primera vuelta. Hasta el momento en que escribo esta columna dos están en capilla ardiente, pendientes de conocer oficialmente quién pasará a la segunda vuelta. El caso de Manuel Baldizón es trágico, pasó de ser el favorito a constituirse en el gran perdedor en estas elecciones, observadas y felicitadas por la comunidad internacional, el Presidente y el Procurador de Derechos Humanos.
En el momento en que escribo esta columna todavía estamos en la antesala de las elecciones, es difícil predecir el resultado, aun cuando se cuente con encuestas; nuestra realidad es surrealista, ya lo escribió García Márquez, cuando dijo: “Los guatemaltecos no creen en nadie, creen en todo”, “son algo así como el pueblo escogido por ellos mismos”, “reunirlos es fácil, pero unirlos es casi imposible”.