Ileana Alamilla
NOTAS DE Ileana Alamilla
El anuncio del plan de la Alianza para la Prosperidad no ha generado mayor expectativa a nivel nacional, a pesar del grave problema que pretende abordar. Una de las causas que lo inspiró continúa en aumento. Cifras oficiales recientes señalan que hay un repunte de la migración de menores que viajan solos a Estados Unidos y también subieron las detenciones en un 39%.
Como un torbellino de aire fresco que nos invadió espiritualmente sentimos quienes participamos en el panel sobre “Riesgos para los periodistas en el triángulo norte”, realizado esta semana en el marco del III Congreso Centroamericano de Comunicación, en las instalaciones de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en San Salvador.
En esta semana hay tantas conmemoraciones que es difícil optar por destacar alguna. Sobre los logros irrebatibles de la Revolución de Octubre ya se ha escrito, aunque nunca será suficiente para resaltar el significado de esa gesta que nos trajo beneficios que hasta los conservadores tienen que reconocer.
El Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas es uno de los que más rezagos tiene en su cumplimiento. Ahora que estamos a las puertas de la conmemoración del XX aniversario de la firma de la paz, los distintos grupos representativos de los pueblos indígenas y campesinos, una vez más y en el marco del denominado Día de la Hispanidad, reivindicaron sus demandas estratégicas al Estado, al que consideran racista y excluyente.
El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2015-2016 tiene un enfoque muy optimista, tiende a centrar la mirada en la lucha por el bienestar, en lugar de seguir insistiendo solo en temas de conflictividad, lo cual tiene un sentido positivo y, si tuviéramos líderes con conciencia, sería una buena guía para el diseño de lo que debería hacerse.
La Constitución Política de la República, en el preámbulo, reconoce la primacía de la persona humana como sujeto y fin del orden social, así como la promoción del bien común.
No es para alegrarnos, ni para amagar con sacarlo de la Presidencia. Esta no debe convertirse en la República de los Cocos, cambiando reiteradamente presidentes. Pedir la renuncia de Jimmy Morales, enfilar todas las baterías en su contra, recordar cada uno de sus desaciertos, puede ser comprensible como una válvula de escape a la frustración que genera darse cuenta de que, lo que se consideró como la “salvación”, ahora resulta que también tiene enormes desaciertos y señalamientos similares a lo que tanto se criticó.
La política se basa, fundamentalmente, en percepciones, las cuales son construidas, principalmente, de manera mediática. Y hay momentos en los cuales la población desbordada puede crear las condiciones para que, junto a otros factores internos y externos, se produzcan cambios importantes. Eso pasó en el 2015.
Tenemos ansias de cambio. Hay noticias alentadoras en algunos campos, pero nos urgen buenas noticias de manera constante. Queremos caminar juntos hacia el futuro, construyendo felicidad, pero la necia realidad se impone y nos desbordan las tragedias y los dramas. Cada invierno es una desdicha, debido a las condiciones en las que numerosas personas tienen que sobrevivir. Y después del acontecimiento, vienen las coberturas noticiosas, las entrevistas, “Se los dije, así fue el año pasado”, y muchos etcéteras más.
Los acontecimientos por los que fueron enjuiciados los señalados de haberse apropiado ilegalmente de bienes y recursos que pertenecen al Estado y, por lo tanto, a la sociedad, han prácticamente anulado los problemas estructurales que tienen al borde del abismo a millones de personas.