Ileana Alamilla
NOTAS DE Ileana Alamilla
El 31 de marzo de 1995 hubo un hecho excepcional, dada la realidad guatemalteca. Se firmó uno de los acuerdos de paz más emblemáticos y significativos para nuestro país, el de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, un tema que además de generar temor y anticuerpos, fue difícil de negociar. Numerosos obstáculos se encontraron, sobre todo por la mentalidad racista y discriminatoria que ha prevalecido en muchos sectores del país.
Esta semana fui invitada para facilitar un foro organizado por la Coordinadora General de Claustros y Asociaciones Docentes de la Usac e inaugurado por el rector de esa casa de estudios. En ese espacio se produjo una confrontación franca y abierta de posturas entre los panelistas: el comisionado de la Cicig, la Fiscal General; el presidente del Colegio de Abogados y Notarios (Cang) y un representante del cuerpo docente de esa casa de estudios, discusión que fue respetuosa, pero controversial. La contradicción versó alrededor de si la Usac debería mantenerse en los procesos de selección de las autoridades judiciales.
Hace 33 años iniciamos nuestro camino, cuando en el país había un conflicto armado. Incursionamos en el mundo de las comunicaciones, área en la cual en este período se produjeron los más grandes avances tecnológicos. Desafiamos el temor de informar sobre los tabús del momento político, en una región marcada por la guerra.
Este año se conmemoran los XX años de la paz. En este marco, el pasado miércoles 26, la Fundación Esquipulas organizó el VII Foro Regional Esquipulas “Resignificando la Paz y la Democracia”. De esta meritoria iniciativa abordaré aspectos del discurso del señor Álvaro Arzú, presidente que tuvo el valor y el mérito histórico de haber firmado la paz en 1996. No mencionaré los importantes discursos de Vinicio Cerezo y Jimmy Morales, por razones de limitación del espacio.
Con entusiasmo y esperanza, el gremio periodístico guatemalteco, representado en 16 asociaciones y cámaras de Periodismo a nivel nacional, recibimos la respuesta positiva que el presidente Jimmy Morales nos dio después de escuchar la presentación de la propuesta de construcción de un Mecanismo de Protección a Periodistas.
Ante los cotidianos escenarios de violencia que percibimos a través de experiencias propias o los que transmiten los medios de comunicación, la inseguridad es el gran fantasma que nos persigue a donde vayamos. Tal vez por eso se mantiene la percepción de que no ha cambiado la situación de inseguridad, aunque se muestren estadísticas distintas, aunque veamos megaoperativos persiguiendo a los extorsionistas, capturas de los supuestos implicados en crímenes, aportes cotidianos de la fuerza pública en distintos temas y depuración de la Policía Nacional Civil, PNC.
Desde la antigüedad se han cometido errores que han costado la vida a mentes prodigiosas, a genios, a mujeres extraordinarias y a millones de seres humanos. Esto está documentado. Es parte de la historia de la humanidad. Escritos, dogmas y creencias han convertido a las mujeres en seres inferiores, con menor valor que sus pares hombres. En los libros sagrados hay escritos centenarios que ofenden la inteligencia y la dignidad humanas.
En las últimas décadas la sociedad resentía la ausencia de justicia. Se decía que la cárcel era para los que “no tienen cómo pagar a un abogado” o que la serpiente pica los pies descalzos. Sin embargo, ser abogado o juez en el pasado era una distinción, un orgullo, se gozaba de estima y prestigio, el que se fue perdiendo gracias a quienes mancillaron el honor de la profesión.
¡Y se terminó la inercia en algunas instituciones! Hasta la Contraloría de Cuentas, que tradicionalmente había estado en el letargo, ahora asegura que está haciendo su trabajo. Los señalamientos en contra de quienes han tenido hallazgos o reparos los está haciendo públicos, que es un avance. Llamaba la atención que los contralores no detectaran las irregularidades o ilegalidades que han existido en la administración pública y que antes se desvanecían con otras irregularidades.
El objetivo de la política es la toma o conservación del poder. Debería buscar ejercer el mando, imponer autoridad, defender soberanía, con el propósito de alcanzar el bien común. Eso es en el plano ideal, en el ejercicio de la política como ciencia y como arte de lo posible. Lo posible no para beneficios personales, sino para definir el rumbo del desarrollo de un país, encontrando la mejor forma de equilibrar las desigualdades sociales, por respeto a la dignidad humana.