Juan Carlos Lemus
NOTAS DE Juan Carlos Lemus
Refrán veraz es aquel que dice: “En río revuelto, ganancia de criminales”. O algo así. Las manifestaciones de 2015 en la Plaza de la Constitución y en los parques centrales de algunos departamentos dieron pie a la esperanza. Las investigaciones de la Cicig y del MP, que llevaron a la destitución o renuncia forzada de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, agrietaron las puertas hasta entonces selladas del crimen. Al mismo tiempo surgió, en muchas personas, la ilusión de que en Guatemala había acontecido un cambio instantáneo. Aquello no les pareció el principio, sino el final de un proceso. A dicha ingenuidad se sumaron el desgaste y la fiesta, el descrédito de las grandes luchas, la calumnia y falta de comprensión de las culturas manifestantes de un país desarticulado y en permanente desconfianza como es el nuestro. Ante eso, hubo quienes vieron la oportunidad de fabricar un líder instantáneo, enlatado, uno popular que aparentase buenas maneras y mucha disposición.
¿Se siente triste? ¿Enojado? ¿Tiene problemas? ¿Dolor de cabeza? ¿Mal de amores? Hace demasiados años, mi abuela materna acudía a un centro naturista. Yo era el beneficiado porque me hacía acompañarla cada quince. Cogíamos el bus hacia Antigua Guatemala y nos quedábamos en Santa Lucía Milpas Altas. Poco antes de llegar, en la carretera, desde la ventanilla veía unos rótulos que anunciaban nuestro destino. Eran caricaturas de un señor con expresiones acordes con el texto escrito: “¿Enojado?” (tenía el entrecejo fruncido). “¿Triste?” (alicaído, ojos a media asta). “¿Preocupado?” “¿Dolor de estómago?” “¿Tiene problemas?” (gesto de locura). Las señales estaban separadas cada 100 metros. Iban apareciendo a medida que el bus avanzaba y remataban así, más o menos: “Para esos males, visite el centro naturista en Milpas Altas”.
El conflicto armado interno fue provocado por los aspectos ideológico, económico, político, étnico y religioso. En lo referente al aspecto ideológico, uno de los problemas a solucionar fue la militarización de la sociedad y del Estado. El aspecto económico se refería al uso y posesión de la tierra y al acceso igualitario a la educación; se pretendía terminar con la exclusión social, la marginación y la violencia generalizada.
Éramos muchachos buenos, por así decirlo, lo raro es que apedreábamos animales, nos poníamos apodos, nos empujábamos en el bus, robábamos la refacción al compañero y nos dábamos de golpes. Digo “nos dábamos” por uso narrativo, porque fui de los débiles, de los que recibían. Cómo diablos podemos decir que éramos casi unos ángeles.
Un lector me cuestiona si conozco las Grutas del Rey Marcos y si sé cómo llegar. Lo hace debido a mi columna anterior, acerca del turismo. Aquí comparto mi experiencia al respecto: De la capital de Guatemala hacia Cobán se llega en unas 60 canciones de Black Sabat, Iron Maiden y Deep Purple. Después, a minutos de Cobán, a una distancia de The Joshua Tree de U2 se llega a San Juan Chamelco. De allí en adelante, uno se encuentra con una gruta cuya entrada es oscura, angosta y empinada. Tan angosta, empinada y oscura que uno entra agachado y con linterna.
Vamos a ponernos en los zapatos de un mochilero alemán, chino, panameño. Estamos en el aeropuerto La Aurora. Nuestro avión aterrizó a las siete de la noche y queremos ir a Quetzaltenango. ¿Cómo llegamos?
Parecías metido en conservas, chico, encurtido. Te habían matado varias veces los diarios y los rumores levantados por tus enemigos. Te mataron como 70 veces en 70 años. Trató de envenenarte la CIA, esa corte mundial que decide quién vive y hasta cuándo; ese burdel que todavía tiene espías en el planeta.
Hemos visto con desaliento cómo durante décadas Guatemala ha sido incapaz de reponerse al golpe dado, en 1954, a su embrionaria democracia; hemos visto las consecuencias del sistema corrupto, injusto, pero también hemos constatado, en un par de años, un camino esperanzador, de recompostura social que se abre en la lucha contra la impunidad. Por eso, muchos manifestamos nuestro apoyo al comisionado Iván Velázquez, quien ha venido desarrollando una labor importante, histórica al frente de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.
La escultura de Pepo Toledo recién derribada en la Sexta Avenida, provocó mi deseo de compartir un proyecto escultórico personal que, según parece, jamás voy a concretar. Así que voy a describirlo. Si hay retratos hablados sobre personas ¿por qué no de esculturas? La mía podría ser elevada a Patrimonio Cultural de la Nación. Empezaré por describir el objeto: un Honda Civic negro, descascarado.
Al hombre se le nota la higiene o falta de ella en los codos. Por si no lo sabían. Un codo sucio es un mensaje del más allá. Cuando éramos pequeños y nos bañaba nuestra madre o madrastra, nos enjabonaba y restregaba con fuerza las rodillas y los codos. Con el tiempo, uno aprende a limpiarse la cara. Sabe que la gente valora eso, lo que se ve. Si mucho, observa con disimulo las uñas, pues se dice que los honrados las mantienen limpias y recortadas. Lo cual es falso.