Juan Carlos Lemus
NOTAS DE Juan Carlos Lemus
Qué difícil ha de ser organizar una feria del libro. El contenido y la forma han de exigir días y noches de replanteamientos, corrección de errores, supresión de temores, examen del andamiaje físico e intelectual disponible, trámites, reuniones; alguien no responde, en fin, un trabajo de años que se consume en apenas tres días, como es el caso de la Ludo Feria Internacional del Libro y la Lectura Infanto Juvenil de Guatemala. Hoy es la última jornada de este evento que se desarrolla en Parque de la Industria. Han sido valiosas la voluntad y perseverancia de la promotora cultural Brenda Monzón y las personas de su equipo al llevarla a cabo.
Favoreció a Luis Carlos Pineda distanciarse de montajes teatrales más o menos realistas, esos donde hay plomazos pregrabados, con pistolas de plástico que resuenan escandalosamente ¡pum! ¡pum! en toda la sala, seguido de llanto y la caída de rodillas de un cuerpo junto a otro desfallecido. Entró Luis Carlos —hace ya años— a crear escenas más complejas, más efectivas donde lo impactante cede paso al diálogo de la conciencia.
Quise hoy fugarme de la mezquindad política de allá afuera. La injusticia trepa sobre los edificios del Centro Histórico. Mi pantalla tiene moho. Perdone usted, en esta ocasión opto por compartir algo personal.
Qué tiempos aquellos, verdad Otto, cuando cruzaba la ciudad escoltado por vehículos blindados y la señora chocaba autos por Vista Hermosa. Cuando ella se desaparecía y retornaba como nueva, lista para continuar coordinando la muy efectiva Comisión Presidencial de Transparencia.
Quienes van por el país documentando la injusticia, soportando bombas lacrimógenas y filmando la extrema pobreza no quisieron ver todo eso. La necesidad de transformar la sociedad es lo que obliga a describirla. Esa tarea implica sacrificar proyectos personales. El llamado de la conciencia es implacable.
La manifestación que se aproxima no debería ser vista como un reclamo emotivo y simbólico. Cuando se exige el derecho al agua, la tierra y sus recursos, personas hay que toman la protesta como asunto de soñadores, como algo que debemos apoyar cerrando bien los chorros o lavándonos los dientes con medio vaso de agua. Quiero decir algunos tergiversan, con ingenuidad o con ignorancia calculada, las protestas en nombre de la tierra para conveniencia del Estado y de los pocos que niegan la realidad.
Pareciera una plática entre adolescentes. De hecho lo es, solo que desgraciadamente escrita por diputados guatemaltecos sobre un tema de gobierno. Juan Manuel Giordano dijo, refiriéndose al gobernador de San Marcos, que esperaba “contar con algunos guerreros para tenerlo de rodillas”.
En algún lugar leí de un personaje de novela que escribió detalladamente lo que le había ocurrido en dos días de su vida. Le tomó dos años hacerlo. Parecerá exagerado, pero si nos dispusiéramos a contar cada cosa vista y oída en este país, más lo degustado, palpado y olido en nuestra vida personal, más nuestros pensamientos, recuerdos y suposiciones, todo de un solo día, escribiríamos una novela, una obra de teatro, 20 poemas de horror y alguna canción despedazada, un ensayo voluminoso y un par de malos cuentos.
El Secretario General de la vicepresidencia, David Sentes Luna, firma un memorando —con deficiencias de forma— dirigido al personal que labora en esa entidad. Les ordena que sean gentes aseadas y bien vestidas. En sus partes sustantivas más divertidas —quise decir, enfáticas—, refiere que las mujeres deben mostrar las uñas de sus pies siempre y cuando los tengan “en la mejor condición estética para lucirlos”.
Es una familia fuerte, pese a que el último año ha sufrido excesivamente. Imposible imaginar cómo es el dolor del padre y la madre de Kimberly, y qué pensó la joven mientras caía al suelo en esos segundos en los que todo se le fue apagando, el 10 de marzo de 2015, cuando unos delincuentes estallaron una granada afuera del Hospital San Juan de Dios, lo que acabó con su vida 53 días después.