Juan Carlos Lemus
NOTAS DE Juan Carlos Lemus
Mi primo Juan Jacobo tiene una lápida en su clínica. No es un anuncio a la entrada, sino una pieza recostada por ahí. Es la que será colocada en su tumba. En ella está escrita la fecha de su nacimiento y tiene un espacio en blanco para que sea anotada la de su muerte. Está convencido de una verdad que suele ser evadida: Va a morir, algún día; no sabe cuándo; no está enfermo, simplemente, sabe que va a morir como todo mundo.
En la cultura que conozco, el estudiante que debate es tomado por necio; es una persona problemática que entorpece la fluidez de los puntos preestablecidos en el aula; más adelante, es el tipo visto como peligroso en las empresas.
Quise comprobar si es o no verdad eso de que los cangrejos se obstruyen unos a otros para evitar que cualquiera de ellos salga de una olla, así que compré tres en el Mercado Central. Vivitos y tenaceando, por supuesto. Me costaron Q3 cada uno. Ahora no sé qué hacer con ellos, porque no me los comería ni los querría de mascotas. Me sirvieron para el experimento que ahora voy a compartirle, pero cometí el error de ponerles nombre, y animal que recibe uno, recibe cariño. Los nombré Adán, Eva y Esteban; aclaro que sin interés por desarrollar aquí un tema de género. Los cangrejos no entran en tales discusiones.
“¿En qué oscuro rincón del alma progre quedó la ‘ indignación’?” dice Mario Roberto Morales. Bonita pregunta. Metafórica. Me recuerda aquello del “oscuro rincón de una cantina donde mi corazón de pobre quedó perdido, a la espera del amor que jamás llegó”. Eh, ya en serio, cada cual sabrá en qué lugar de su alma tiene la indignación, si tiene alma, pues recordemos que se trata de una masa ignara y probablemente desalmada.
Estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala intentarán recuperar y devolver su transparencia a la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Muchos sabemos que desde hace más de una década, esa asociación no representa los intereses estudiantiles ni populares. Hay algo peor, y así lo comparte Ricardo Sáenz de Tejada en su ensayo #Usac es Pueblo: “Para principios del siglo XXI, con la complicidad de las autoridades universitarias, un grupo de personas, más delincuentes que estudiantes, lograron hacerse del control de la AEU y ponerla al servicio de intereses partidistas y criminales. Ante esta situación, ampliamente documentada, los estudiantes optaron por alejarse del movimiento estudiantil y, pese a que en varias unidades académicas existen asociaciones comprometidas con los intereses estudiantiles, estas no han podido articular un movimiento que rescata a la AEU”.
Este mes avanza truculento, lleno de zancadillas, dimes y diretes de la política partidista. Corre, ve y dile. El negocio de temporada es el novedoso transporte de acarreos de opinión.
Hay épocas más risueñas que otras. La que me toca vivir es más bien rara. Me vi reflejado en esto que bien escribió Gabriela Carrera en su cuenta de Twitter: “Definitivamente, han sido días transformados por la política, en su rutina más cotidiana”.
Otto Pérez Molina no quiere asu- mir el mayor fracaso de su vida y se equivoca, pues vuelve personal un asunto de nación. Guatemaltecos de los cuatro puntos cardinales exigimos su renuncia. Sobran razones. Se tienen pruebas sobre su participación en graves actos de corrupción. Por ahora, la Cicig y el MP solo han dejado ver una punta de lo que ha de ser una cordillera de corrupción debajo de las aguas.
En 2012, Brenda se vistió de Santa Claus. En el suelo frente a Casa Presidencial colocó algunos obsequios para los funcionarios de gobierno de Otto Pérez: comida para perros al ministro Gobernación, López Bonilla; un cerebro de res —sangrante, en un recipiente— para la ministra de Educación, Cynthia del Águila, por su histórico destace y depredación de la carrera magisterial; un refresco muy pequeño de Incaparina para la entonces ministra de Desarrollo, como contraste a la manipulación política que hizo este gobierno de los programas sociales, entre otros regalos.
Las manifestaciones simbolizan una inconformidad muy profunda. Un nivel de protesta lo constituye la palabra, exigencia esta, escrita u oral, magnificada con nuestras manos convertidas en altoparlante cuando gritamos en la plaza. Como respuesta a nuestras palabras hemos recibido vilipendios, el retorcimiento de las leyes, la hediondez que mana del Congreso de la República, el cinismo del presidente y la protección otorgada por el padrote de todos estos: la Corte de Constitucionalidad tomada por tres individuos corruptos.