Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Juan Carlos Lemus

NOTAS DE Juan Carlos Lemus

Alguien dijo que lo peor que sucedió a Estados Unidos fue que Trump resultó ser lo que prometía. En este país, el diputado de corbatín habla tonterías, pero al menos da la cara y ya se sabe lo que se puede esperar de él. Es más difícil para una sociedad batallar con líderes hipócritas porque tienen la astucia de la salamandra, cuya lengua es larga y cambian de color según les conviene.
Un diario local publicó una breve entrevista hecha a un asaltante capturado, que junto a su banda aterrorizó a los pasajeros de un bus en el que dejaron muertos y heridos. A la pregunta del reportero si era la primera vez que asaltaban, el hombre respondió que era la segunda, y que la primera, “por la gracia de Dios”, había salido bien.
A los diputados les tienen sin cuidado las manifestaciones. Ni les importan ni les afectan. Se sirven de ellas para victimizarse. Podemos llenar todas las plazas de todo el país; gritarles que son gente corrupta y sinvergüenza, que lo tomarán con gracia, sospecho que con placer. Han de manosearse frente a la tele cuando ven multitudes en su contra.
Atacaron una manifestación pacífica. Entrada la noche, como hacen los criminales, tomaron por asalto las calles, tiraron al suelo a las personas y las pisotearon. Lanzaron gas pimienta y provocaron el desconcierto. Este gobierno corrupto y ladrón, no solo ha logrado meternos en un antagonismo porque ha inventado luchas ideológicas, además, exhibe sus instintos represivos de los años ochenta.
Volverán a intentarlo y fracasarán de nuevo, porque la lucha contra la impunidad es más inteligente. ¿Qué sigue? El crimen no duerme. Trabaja 24 horas al día y posee mucho dinero. Lo suyo es la astucia, se mantiene ideando formas de regenerar cada tentáculo que le cortan. Bastante callado había estado, y de pronto, un domingo, al despertar nos enteramos de que Jimmy Morales había intentado echar por la puerta de atrás al Comisionado Iván Velásquez. Ese cuadro es del gobierno tratando de destruir todos los procesos judiciales de alto impacto.
Esta es una época afortunada. Vemos caer máscaras. Las redes sociales han mermado el poder mediático. Podemos acceder a información suficiente para formarnos un criterio acerca de la flora, fauna, presidentes, ministros, diputados, magistrados. Podemos tomar partido ante una realidad que nos contiene.
Esas estudiantes, hombres y mujeres que el jueves tomaron la Rectoría, habrán tenido de seis a diez años de edad cuando la AEU inició su deterioro. La lucha inició hace dos años, desde que pidieron al Consejo Superior Universitario que desconociera a la Comisión Transitoria de la AEU enquistada en el poder. Al final de la tarde de ese jueves consiguieron que el CSU reconociera las elecciones a junta directiva de la AEU que se desarrollan ayer, hoy y mañana en la Usac.
Para no molestar al vecino, se supone que el cerco ideológico se traza en el patio de la casa. El problema surge cuando se intenta colocar los mojones personales en todo el país; cuando se espera que los demás piensen igual que uno, o al menos en forma parecida.
En Chinautla suceden tragedias que ya nadie se entera. La gente vive prácticamente secuestrada. Esta semana, en una de sus aldeas mataron a un niño. Personas del lugar dicen que unos pandilleros lo encerraron a pocas cuadras de su casa, le extrajeron los órganos y lo degollaron. Esa crueldad, que debería ser motivo de un paro nacional, pasó inadvertida porque ya es normal, o porque hay sitios a los que no tienen acceso ni los bomberos, menos los periodistas, y con razón, pues son territorio de las pandillas.
Hace más de un siglo, Justo Rufino Barrios decretó que los indigentes atentaban contra la moral porque carecían de profesión, oficio, renta, sueldo y ocupación. Medio siglo después, Ubico los puso al servicio de los terratenientes, de los cafetaleros. Los forzó a trabajar gratuitamente como hizo con los indígenas, los dueños de “terrenos rústicos” y los desempleados. Los obligó a portar una constancia de haber servido, sin cobrar, en fincas “por lo menos tres manzanas de café, caña o tabaco, en cualquier zona; tres manzanas de maíz, con dos cosechas anuales en zona cálida; cuatro manzanas de maíz en zona fría; o cuatro manzanas de trigo, patatas, hortalizas u otros productos, en cualquier zona”. Algunos adinerados de actualidad deben su prosperidad a los indigentes, los indígenas y los desempleados cuya esclavitud puso la espalda y mano de obra.