Sadio Garavini Di Turno
NOTAS DE Sadio Garavini Di Turno
Una tragedia creada por un régimen que se ha caracterizado por “ideas muertas”, incompetencia, ignorancia, corrupción y represión.
La mayoría de los principales países europeos se orienta al reconocimiento de Guaidó como presidente interino.
Los crasos errores de comisión y omisión nos han llevado a este resultado.
El gobierno Maduro se está pareciendo más al narcorrégimen del dictador panameño Noriega que al totalitarismo cubano.
Andrés Manuel López Obrador (Amlo), el presidente de México, no es Chávez. Para empezar, no es un militar golpista. Bajo su mandato el ejército mexicano muy probablemente se mantendrá institucional, apolítico y no deliberante. Es un político formado en el antiguo PRI, sus actos y declaraciones recuerdan al populismo de los presidentes Echeverría y López Portillo, su modelo es Lázaro Cárdenas.
<div> Hace 40 años, en noviembre de 1978, la opinión pública mundial fue estremecida por la noticia, proveniente de Guyana, del homicidio-suicidio en masa de alrededor de 900 personas, en su mayoría miembros de la secta religiosa norteamericana El Templo del Pueblo. El culto, originado en California y dirigido por el sedicente “obispo” Jim Jones, había iniciado, a partir de 1973, el experimento de crear en la selva del Esequibo, zona básicamente despoblada y reclamada por Venezuela, una comunidad agrícola, Jonestown, sobre bases colectivistas neocomunistas, que recordaba un poco los modelos del socialismo utópico de Owen y Fourier. La masacre se inició con el asesinato de Leo Ryan, miembro demócrata de la Cámara de Representantes de los EE. UU., quien encabezaba una comisión de investigación que había viajado al Esequibo para investigar las denuncias sobre maltratos a algunos miembros del culto. El gobierno guyanés había favorecido de múltiples maneras el establecimiento del Templo del Pueblo y la secta había correspondido, entre otras cosas, apoyando al partido de gobierno, el PNC de Forbes Burnham, en las campañas electorales. En relación al Templo del Pueblo es interesante destacar lo que está claramente delineado en el libro del Latin American Bureau sobre Guyana: The Fraudulent Revolution (1984): “Para el gobierno de Guyana, uno de los propósitos útiles atendido por la existencia de Jonestown era que una población de ciudadanos norteamericanos en un territorio reclamado por Venezuela crearía las condiciones para una intervención de los EE. UU. en apoyo de Guyana, en el caso de una invasión venezolana del territorio”. Las siguientes frases del mismo Jim Jones dirigidas en 1977 a un ministro guyanés no dejan dudas al respecto: “Yo le prometo que, junto con todo mi pueblo, moriré defendiendo sus fronteras… Preferimos ampliamente morir defendiendo esta nación socialista que regresar a la tierra sádica y fascista de dónde venimos…”</div>
“La política es el arte de lo posible”. Frase que se le atribuye a Aristóteles, a Maquiavelo y a Bismark, entre otros. En cambio, Arístides Calvani, un maestro de mi juventud, nos decía que era el arte de hacer posible lo deseable. La unidad de la oposición indudablemente sería deseable, particularmente frente a la comunidad internacional democrática que quisiera tener un interlocutor unitario. La transición chilena es el ejemplo histórico preferido para aquellos que creen que la unidad de la oposición, no sólo es deseable sino es necesaria para la transición del actual “totalitarismo fallido” a la democracia y al Estado de derecho. Sin embargo, algunas veces, lo deseable, por irreal, no es factible hacerlo posible.
En Praga, hace 70 años, el 10 de marzo de 1948, el ministro de Relaciones Exteriores Jan Masaryk, único miembro no comunista del gobierno e hijo del presidente y padre de la patria checa Tomas Masaryk, murió “cayendo” por la ventana del Ministerio, lo que dio lugar a un gobierno totalmente dominado por los comunistas. En Caracas murió, también por defenestración, el concejal opositor Fernando Albán, ferviente católico, mientras se encontraba detenido en la sede de la policía política (Sebin). La Fiscalía, controlada por el régimen, habla de suicidio. El lector sabrá sacar sus propias conclusiones. De todas maneras, la integridad personal de los detenidos es únicamente responsabilidad del Gobierno. En estos días, la dirigente opositora María Corina Machado y sus acompañantes han sido violentamente agredidos y robados durante una gira política por una turba de seguidores del régimen. Conducta típica de las “squadracce” fascistas del jerarca Farinacci, de las SA nazi de Ernst Röhm y de los CDR comunistas cubanos. Recordemos que para pensadores como Hanna Arendt, Zbig Brzezinsky y Lev Gudkov el terror de Estado a través de la policía política, de servicios especiales y de estructuras paramilitares extrajudiciales es una característica fundamental del totalitarismo. En efecto, es evidente la vocación totalitaria del régimen madurista. Sin embargo, hemos mencionado también en esta columna que el régimen se acerca a la categoría de “totalitarismo fallido”, que ha desarrollado el politólogo Michael Waltzer: un régimen que tiene vocación y objetivos totalitarios, pero le falta la capacidad y la eficiencia para concretarlos, el resultado sería alguna forma de tiranía tradicional, pero disfrazada con un ropaje fascista o comunista.
Masha Gessen, intelectual ruso-americana, en su reciente libro The future is history. How totalitarianism reclaimed Russia reproduce las siete características que para el sociólogo ruso Lev Gudkov definen el totalitarismo: 1) La simbiosis del partido de gobierno con el Estado. 2) Un consenso societal obligado, creado a través del monopolio en los medios de comunicación, combinado con una estricta censura. Esto crea las condiciones para la movilización de la población de acuerdo a las decisiones del Partido-Estado. 3) El terror de Estado a través de la policía política, de servicios especiales y de estructuras paramilitares extrajudiciales. La existencia de la policía secreta y los campos de concentración en combinación con la propaganda oficial y la producción cultural hegemónica crean las condiciones para el llamado “doble pensamiento” y la “posverdad”. 4) La militarización de la sociedad y de la economía. La movilización forzosa de la sociedad, que supuestamente estaría dirigida para preparar a la población a enfrentar el enemigo externo, en realidad sirve para entrenar a la población a llevar a cabo las órdenes del régimen. 5) Una economía centralizada y colectivista que inevitablemente conlleva a la escasez crónica de productos, servicios e información. Escasez que no es solo producto del fracaso del sistema, sino también una forma de organizar el acceso a los bienes y servicios a través de estructuras controladas por el régimen. 6) Un estado crónico de pobreza. El totalitarismo se fortalece bajo condiciones de pobreza creciente, cuando una amplia faja de la población no tiene proyectos ni esperanza en un futuro mejor y solo espera soluciones a través de alguna extraordinaria medida política proveniente del régimen. El totalitarismo se sostiene manteniendo un muy bajo nivel de vida. 7) Una población básicamente estática, con estrictos límites a la movilidad social vertical y horizontal, exceptuando la realizada por el régimen por sus propios intereses. Gudkov no menciona en sus características la presencia de una ideología totalitaria, que en cambio es fundamental junto con el terror de Estado para Hannah Arendt, en su clásica obra Orígenes del totalitarismo.