El resto, fue la nada. Los dos pivotes del Real Madrid no generan fútbol y ya son tres pruebas consecutivas en las que el Real Madrid ha adolecido de dos buenos capitanes para llevar el timón de un barco que en ocasiones marcha a la deriva. La lesión de Tchoaméni a principios de curso aplazó la creación de la dupla mientras Valverde alternó con Bernardo Silva, Camavinga y Trent (sólo ante el Inter) las tareas de generar juego.
Esas combinaciones, más o menos, funcionaron. El Real Madrid sólo pinchó ante el Betis, con aquel 1-0 y el tanto anulado a Carlos Espí en el último suspiro por un fuera de juego protestado. Aquel día, eso sí, el equipo de Mourinho no jugó mal, desperdició innumerables ocasiones y encajó un tanto casi en el único disparo del que dispuso el Betis. Pero la posterior recuperación de Tchouámeni abrió a José Mourinho la opción de incluir al francés en el centro del campo.
Su primera titularidad junto a Valverde generó las primeras inquietudes en Elche. El Real Madrid ganó 2-3, pero con otro tanto de Espí en el último instante y creando más dudas que certezas. Después llegó el desgobierno total en el Metropolitano frente al Atlético y la segunda derrota de la temporada (2-1); y a la tercera, frente al Villarreal, tampoco fue la vencida.
Mourinho, después de una primera parte desastrosa, movió el banquillo y sólo apareció Cucurella por Carreras. Tchouaméni y Valverde se mantuvieron en el centro del campo y hasta la salida de Vinícius, que provocó una serie de movimientos, la situación no cambió: Valverde pasó al lateral derecho, Güler al centro del campo junto a Tchouaméni y Diomande al lugar del turco en la derecha.
El técnico portugués aplicó sobre el verde una reflexión que esta temporada hizo en voz alta: “Me encanta Güler. Creo que le va a pasar algo parecido a Modric o a Bernardo Silva. Empiezas en una posición y acabas en otra. Empiezas de 10 y acabarás de 8, de 6. Piensa que Arda irá en esa dirección con la evolución y el conocimiento del juego”.
Mourinho tenía algo de razón. Se la dio Güler en los 35 minutos que jugó de ‘6’. El Real Madrid fue otro. Su cambio de posición y la activación de Vinícius provocó el giro. Entonces, Diomande marcó, lo celebró tarde por la revisión de un posible fuera de juego y el conjunto blanco respiró.
Y es que solo la desaparición del centro del desgobierno que componen Valverde y Tchouaméni generó el fútbol que necesitaba un equipo que con Güler a los mandos desequilibró un choque que se complicó con la expulsión de Vinícius a falta de un cuarto de hora para el final. El Real Madrid sufrió, aguantó el 1-0 final y se marchó con una victoria en el bolsillo forjada en el cambio a tiempo de Mourinho: cambió una pieza en el centro del campo y todo volvió a encajar hasta que se quedó con un hombre menos.
Juan José Lahuerta