Pero, por otro lado, se encuentran los inquilinos que debido al giro de los negocios no pueden operar y sus ingresos se han visto mermados considerablemente, al punto, que no han podido pagar las rentas de almacenaje desde marzo o abril pasados y ya acumulan moras, solo este rubro creció un 50%, según estimaciones del sector de Bodegas.
Jorge Nadalini, asesor en logística, explicó que este es uno de los aspectos que más está dañando a las empresas que no son de alimentos, higiene o farmacéuticas, porque no pueden operar, deben pagar alquiler y no tampoco pueden trasladarse a otras instalaciones, porque no poseen espacio, además que están tratando de mantener a sus empleados.
A nivel de ocupación, hay muchos tipos de bodegas, pero se ha visto un tema de flujo en los negocios y la mora ha incrementado y es generalizado en el sector, hay un incremento en la mora de los arrendamientos importante, planteó Federico Rölz, directivo de la Gremial de Bodegas adscrita a la Cámara de Industria de Guatemala (CIG) y gerente general de Mr. Bodeguitas.
“Mientras más restrictivas sean las medidas en el largo plazo, se llegará a un punto de no retorno, porque los gastos y costos de operación de un desarrollador inmobiliario siguen, por lo tanto, la clave es no llegar a ese extremo”, expresó Rölz.
Negociar para encontrar el punto de equilibrio
Para Cecilia Herrera, presidente de la Gremial de Bodegas de la (CIG) desde que el gobierno empezó a endurecer las medidas de confinamiento y parálisis de algunos sectores productivos, la gremial empezó a recibir comunicaciones de sus agremiados de que tenían conocimiento que algunos de sus inquilinos quedarían paralizados y se encendieron las alertas de cómo manejar el tema del cobro de arrendamiento.
“La mayoría de los agremiados optó por negociar de forma individual con cada inquilino, analizar caso por caso y si es posible brindar opciones para poder recibir las rentas”, refirió Herrera.

El sector posee dos aristas, de un lado están los desarrolladores y por el otro los operadores, para ambos se buscó asesoría legal y se logró plantear un manual de buenas prácticas que se compartió entre la gremial.
Por ejemplo, plantear cuando era viable otorgar concesiones o plan de pagos, dependiendo del nivel de endeudamiento, o si definitivamente no era posible por la mora acumulada, “lo importante es la negociación y que prevalezcan las buenas relaciones entre arrendador y arrendatario”, afirmó Herrera.
“Observamos de todo, desde aquellos que lograron negociar, o prorrogar un 50%, hasta otros que no lo permitía el contrato, pero fue cada empresa la que al final planteó sus propios términos junto con los inquilinos”, explicó Rölz.
Encontrar el punto equilibrio, es lo importante, consideró Rölz, mantener la cartera de clientes sana, porque es un evento que sale definitivamente de lo común, y entre partes se pueden apoyar.
Flexibilizar las penalizaciones cuando alguien necesite cancelar un contrato de manera anticipada, es otra opción que se plantea, porque este evento es de fuerza mayor, y es ahí donde entran las negociaciones, agregó Herrera.
Nadalini coincidió en que debe encontrarse un punto de equilibrio entre ambas partes, y apeló a que los arrendatarios deberían anular las moras debido a la crisis sanitaria y permitir opciones de pago a los inquilinos.