Sin embargo, ahora, hay señales de que la falta de chips (las diminutas partes que funcionan como el cerebro o la memoria de todo lo electrónico) está llegando a su fin.
Esto podría ser una buena noticia para nuestro presupuesto. Pero también es un momento poco propicio para la administración de Biden y los legisladores estadounidenses que han presionado por financiamiento a los contribuyentes para chips informáticos con varias metas, incluyendo aliviar la escasez.
Algunos de esos objetivos son razonables. Sin embargo, destinar dinero gubernamental a resolver la carencia de chips parecía cuestionable; ahora, se ve como una equivocación. Aquí hay algunas razones del porqué.
¿Por qué son importantes los chips?
Los chips informáticos son necesarios para los teléfonos inteligentes, las consolas de videojuegos y otros electrónicos de consumo. También se usan en aviones de combate; en la marcha, el frenado y los sistemas de entretenimiento de los autos, y para monitorear la producción de leche de vaca.
En The New York Times, el periodista Don Clark explicó el año pasado que es normal que los chips se vuelvan escasos por un tiempo. Lo que se ha vuelto poco común durante los últimos dos años es la combinación desafortunada de afectaciones relacionadas con la pandemia y el abrumador deseo de las personas de comprar más cosas, lo cual ha llevado a una variedad de carencias.
¿Qué ha cambiado?
En las últimas semanas, los chips informáticos de repente parecen haberse vuelto abundantes. Varias compañías de chips han advertido que sus ventas han pasado de estar en llamas a ser planas. Los chips sin usar se están acumulando en Corea del Sur, uno de los principales centros neurálgicos de fabricación, al ritmo más rápido en años.
Una importante razón es que las personas en todo el mundo no están comprando productos electrónicos como computadoras portátiles, teléfonos inteligentes y televisores tanto como lo hacían hace uno o dos años. Muchas personas están preocupadas sobre el aumento de precios y la salud de la economía, por lo que no están gastando tanto. Así que las compañías están recortando los pedidos de chips informáticos con los que se habrían construido muchos productos.
Así es cómo la economía y los chips informáticos tienden a funcionar. Cuando la gente se siente bien y gasta mucho, las fábricas de chips incrementan el ritmo para elaborar más. Casi siempre, producen en exceso y hay demasiados chips. Algunos expertos han dicho que la manía durante la pandemia sería seguida por un colapso de chips. Todavía no se ha llegado a ese punto.
¿Qué tiene que ver la administración Biden con esto?
Es importante resaltar el consenso en Washington de que el gobierno de Estados Unidos brinde un mayor apoyo a las fábricas de chips estadounidenses y conocimientos técnicos en el tema. El Congreso ha estado debatiendo (y todavía está discutiendo al respecto) puntos específicos sobre gastar más de US$50 mil millones del dinero de los contribuyentes para hacerlo. La mayoría de los chips más avanzados del mundo se fabrican en Asia, principalmente en Taiwán y Corea del Sur.
Una de las metas declaradas de otorgar financiamiento es ayudar a aliviar la carencia de chips. ¿Y ahora? Nada ha pasado y la escasez está terminando para algunos tipos de chips.
Hay buenas razones para que los contribuyentes estadounidenses subsidien la industria de los chips. Muchos expertos aseguran que es importante crear un conocimiento de fabricación de chips avanzados en EE. UU. No es bueno que tantos chips esenciales se hagan en Taiwán, dentro de la esfera potencial de influencia de China. El Ejército estadounidense quiere asegurarse de que tiene un suministro de ellos ininterrumpido y verificado.
No obstante, la misión del plan estadounidense de chips es incoherente. Funcionarios e industrias estadounidenses han aportado una lista larga y exhaustiva de beneficios de financiar los chips estadounidenses, incluyendo la creación de más empleos en EE. UU., poder competir con China y facilitar que las industrias estadounidenses, tales como la automotriz, sigan elaborando sus productos.
Este último nunca tuvo mucho sentido. La dura verdad es que los autos tienen que luchar por el espacio en las líneas de las fábricas de chips contra chips más rentables para teléfonos inteligentes u otros equipos de lujo. Incluso si se fabricaran más chips informáticos en EE. UU., no hay razones para que uno hecho en Texas se use solo en camionetas Ford F-150 y no en las de compañías europeas o asiáticas.
Entre más justificaciones meta a fuerza el gobierno en los planes para los chips, queda menos claro qué es lo que EE. UU. intenta lograr.