SI ME PERMITE
Disfrutemos la convivencia con flexibilidad
“Los muertos reciben más flores que los vivos porque el remordimiento es más fuerte que la gratitud”. Ana Frank
La convivencia correctamente entendida es aquella en la que las partes están dispuestas a tener igualdad de oportunidades para compartir, expresar y describir su sentir de algo específico. Esto, sin lugar a dudas, no solo hay que saberlo cultivar, sino lo primordial es saberlo conservar. No hay que hacer mayor esfuerzo para perder lo que se ha logrado y tal vez con sacrificio, lamentablemente se pierde por causas que son muy insignificantes.
El elemento que mayormente impide que una sana convivencia pueda generarse y conservarse es una mentalidad legalista, la cual se rige por normas definidas en las cuales no hay espacios al diálogo, en la que se disfruta y también es un elemento formativo para ambas partes para modificaciones o ajustes que permitan una convivencia.
La convivencia vista de una manera muy individual se puede entender en el concepto de pertenencia, a la cual uno se debe, pero también aceptando que a esto no se llega simplemente porque se negoció o se contrató, sino al relacionarse las personas progresivamente aceptan a la otra parte para que se integre en lo que uno es y quiere llegar a ser.
Por ello no podemos negar que nosotros llegamos a ser lo que somos porque aquellos con los que convivimos tuvieron su aporte y lo aceptamos, de ese modo hemos enriquecido nuestra persona.
Lo más lamentable es cuando en las relaciones personales, conscientes o no, empezamos aislando a alguien, ya sea que lo excluimos de nuestras relaciones o bien porque no le permitimos integrarse a la convivencia en la que estamos participando. Con estas actitudes podemos decir que estamos exterminando a la persona en vida, porque no le permitimos oxigenar sus relaciones ampliando el círculo de los que conviven con ella, y fácilmente podemos entender que la persona se está muriendo lentamente porque no se le permite llegar a ser parte de grupo.
Claro está que en todas las relaciones interpersonales en las que nos involucramos debemos movernos con normas claras para que podamos saber dónde están los límites y qué cosas son aceptables y cuáles no lo son.
Los límites en las relaciones interpersonales son como las fronteras entre países, no es que no se pueden cruzar, sí se pueden cruzar, pero no todos los países tienen las mismas condiciones y los mismos requisitos, pero cuando uno los cumple se cruza sin tener ninguna dificultad.
' No debiéramos esperar la separación y la distancia para valorar a aquellos que nos pertenecen.
Samuel Berberián
Exactamente igual es en nuestras relaciones. Por ejemplo, no es lo mismo las limitantes que se tienen cuando se está con personas muy mayores o bien personas que son jóvenes para relacionarse, eso además de los gustos e intereses de cada grupo.
Lamentablemente, hoy día muchas convivencias son muy circunstanciales y de carácter temporal, cuando lo sano es que una vez que se ha cultivado una convivencia nos acompañe el resto de la vida, entendiendo que habrá que hacer ajustes conforme los cambios que se dan en cada una de las partes, así como de las obligaciones y responsabilidades que cada parte está adquiriendo.
Esta tarea es para toda la vida y si la podemos mejorar y ajustar podemos terminar nuestra vida enriquecidos y galardonados por una convivencia sana, la cual hemos compartido con los nuestros con la flexibilidad adecuada.