CATALEJO

Deontología, leyes y derecho individual

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El cotarro nacional se ha alborotado a consecuencia de la aparición del libro “Desde el Cuartel”, firmado por el coronel de Infantería Edgar Rubio Castañeda, de alta en el Ejército, quien expone sus ideas y conclusiones en base a algunos datos interpretados subjetivamente, como son todas las opiniones. Se trata de un texto muy crítico y acusatorio contra la entidad del Estado a la cual pertenece, y por su novedad ha habido varios comentarios acerca de si se trata de un ejercicio pleno y justificado de la ley constitucional de emisión del pensamiento cuya área de influencia son la totalidad de los ciudadanos, y por tanto impunible, o si constituye el quebrantamiento de una ley y por tanto puede ser objeto de sanción de cualquier tipo. En resumen, si es correcto haberlo escrito.

Soy mencionado de manera directa en el texto, y el autor hace varias afirmaciones falsas e interpretaciones equivocadas, risibles y talvez malintencionadas. Pero ese es otro tema y no por ello deja de ser válido el intercambio de puntos de vista no acerca de la verdad o falsedad de las afirmaciones, sino de considerarlas o no correctas y, por tanto, protegidas por la ética. Quiero entonces hacer un somero análisis filosófico, teórico, convencido de la solidez práctica de una buena teoría, sin entrar a considerar el fondo, ni la verdad o falsedad de sus escritos y opiniones entre las cuales, por ejemplo, se encuentra considerar a Hugo Chávez en el mismo nivel histórico de Abraham Lincoln, Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz. Pero así piensa el, o alguien lo convenció de pensar así.

Existen dos tipos de normas. Unas son leyes por tanto de cumplimiento obligatorio para todos, y entonces desobedecerlas es causa de castigo. Las otras son las éticas, cuya desobediencia no implica castigo porque entonces se vuelven leyes para quienes voluntariamente se someten a ellas. Esto es la base del asunto. Cuando alguna institución tiene leyes propias inferiores a leyes generales, se convierten en códigos deontológicos porque su aceptación es el resultado de la voluntad de quien decidió adherirse. En este caso se trata de comentar la relación de superioridad de la Ley Constitucional de Emisión del Pensamiento, aplicable a todos los ciudadanos, y las leyes militares, convertidas en código deontológico porque sólo se aplican a los militares.

Quien decide obedecer un criterio moral general opuesto de hecho a una ley de observancia general para librarse del castigo de quebrantarla, debe primero dejar de ser sujeto de ésta. En otras palabras, en este caso si el ejército tiene entre sus características la de no ser deliberante ni de comentar hechos políticos, para no ser castigado el autor de un libro como el hoy comentado, debe dejar de ser militar. La incorrección y la incongruencia radican en querer mantenerse. Si los criterios expresados en el libro son resultado de convencimiento, no de adoctrinamiento, engaño, etcétera, no tiene otra opción: salir del servicio militar activo y entonces ser protegido por la ley de emisión del pensamiento, no de la castrense, aceptada por él de manera voluntaria y sin presiones.

En resumen, el coronel escribiente tiene derecho a expresar públicamente su criterio político como ciudadano, pero antes debe dejar las filas militares. Decir eso está más allá de calificar, aceptar o rechazar sus interpretaciones, sin importar si son absurdas, malintencionadas o producto de candidez política. Es lamentable, eso sí, su renuencia a comunicarse con protagonistas de los hechos comentados e interpretados. Él sabrá por qué lo hizo y especular cae en la irresponsabilidad. Al constituir opiniones e interpretaciones, sus escritos no pueden ser aclarados, aunque expresen algunas falsedades causantes de hilaridad o preocupación ante sus conclusiones. Ahora le queda irse, o recibir el castigo por haber usado una libertad suspendida por su decisión consciente de ser militar.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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