LA ERA DEL FAUNO

Enfermos de tráfico

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Son demasiados los vehículos que hay en la Ciudad de Guatemala. Si en otra época tener un auto era un lujo, hoy día el que muchas familias capitalinas tengan dos o tres, según todos trabajen, es lo normal. La mala calidad de transporte urbano ha obligado a comprar tantos. Sería maravilloso utilizar buses adecuados, ir a pie, conducirse en bicicleta, trabajar y estudiar cerca de casa, pero son opciones para una minoría.

A excepción del transmetro, nuestro transporte público es el peor del mundo. Es humillante. Es un tóxico al que estamos acostumbrados. O resignados. Si mucho, las bocinas son el grito de protesta que, al final, solo aviva la tensión de los mismos ciudadanos enfurecidos. Desconozco sobre enfermedades emocionales, pero es obvio que la mala calidad de vida implica algún desorden en las emociones y la conducta. El ser humano dominado —sea por alguna persona o por un sistema de transporte— acumula infelicidad. No puede ser lo mismo viajar a diario en un cómodo tren, que un trabajador, hombre o mujer, encaramado sobre la parrilla de un bus, como es el caso de quienes vienen de Villa Canales, Chinautla y otros municipios a trabajar a la capital.

Hay mucho enojo en las calles. Agresividad. Hay egoísmo y revancha en los semáforos. Los motociclistas se suben a las aceras; los vehículos obstruyen las líneas peatonales, los baches arruinan los ánimos a la vez que provocan atascos, incluso gastrointestinales. El recorrido que antes tomaba 20 minutos hoy se hace en una hora. Y va en aumento. Más las fiestas, desfiles, procesiones, choques, manifestaciones y autos averiados, todo el año. Yo no estoy aquí para ver el vaso medio lleno ni esas cosas, sino para señalar la herida provocada por los baches, el pésimo sistema de transporte y el excesivo tráfico aunque, debo admitirlo, casi no lo sufra.

Hasta septiembre de este año, según la SAT, el parque vehicular en la ciudad era de un millón 300 mil vehículos, sin contar las motos ni los buses. Es difícil imaginar esa cantidad en movimiento. Es imposible que los PMT puedan dirigir una orquesta tan enorme, desordenada y agresiva. Hacen lo que humanamente pueden.

Mientras tanto, los buses son estacionados donde al chofer le da la gana; de noche se comprueba que muchos ni siquiera tienen luces. Ya es normal que violen todas las leyes de tránsito. Fue un crimen, todavía impune, que durante el gobierno de Otto Pérez se ampliara el subsidio al transporte urbano, de Q245 millones en 2014 a Q435 millones en 2015. Fue un premio al abuso de un empresariado que alega pérdidas, pero no deja el negocio; fue una inversión mafiosa para favorecer la candidatura del entonces ministro Alejandro Sinibaldi.

El sufrimiento generado por el tráfico altera el organismo y las emociones, en toda la gama que va desde las hemorroides hasta el odio. El que haya otros problemas trágicos hace olvidar esa otra muerte social, progresiva, a vuelta de rueda, provocada por la avaricia y apadrinada por esa mafia. El gobierno debe quitar el subsidio al transporte, pues no beneficia a los usuarios. El MP debería asumir su obligación de investigar cómo ha sido usado tantísimo dinero.

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