EDITORIAL

Experimento hondureño

Los hondureños tienen hoy una cita histórica con las urnas, en una de las elecciones más cargadas de polémica, porque por primera vez podrán decidir si reeligen al actual mandatario o si mediante el voto optan por darle un revés a una medida que cuando se autorizó también desató opiniones encontradas.

Juan Orlando Hernández, el candidato del gobernante Partido Nacional, está a las puertas de esta posibilidad después de una disputada votación en el Congreso para modificar el artículo constitucional que autorizaba la reelección presidencial y en esa ocasión, 2015, el voto simple de los diputados aprobó esa modificación y la medida la ratificaron los tribunales respectivos, aunque debió haberse decidido en una consulta popular.

Hoy los hondureños tienen la posibilidad de ratificar con su voto esa decisión pero también de involucrarse de manera directa en en un proceso cargado de denuncias de la oposición que advierte de un fraude electoral a favor del candidato gobernante.

De los nueve aspirantes a la Presidencia, solo tres tienen posibilidades de disputarle el cargo al oficialismo y ellos son el académico Luis Zelaya, del derechista Partido Liberal (PL), y el periodista Salvador Nasralla, de la Alianza Opositora contra la Dictadura, conformada por partidos de izquierda. Ambos coinciden en denunciar un fraude masivo en la jornada electoral de hoy.

Tanto los observadores como los responsables del proceso tienen la enorme obligación de unir esfuerzos para garantizar que los comicios sean transparentes para acallar las denuncias de fraude, porque de lo contrario solo se acrecentará la polarización en este país, la cual marca su inicio con el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en 2009.

Por el bien de la democracia se debe garantizar la transparencia porque toda reelección en Latinoamérica ha sido sinónimo de abuso y manipulación de grandes sectores para perpetuarse en el poder mediante el silenciamiento de voces opositoras o de la prensa independiente cuando se muestra crítica.

Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina son los ejemplos más cercanos y recientes de esas tristes experiencias, cuyos exgobernantes hicieron enormes esfuerzos por manipular a la población mediante programas clientelares, cerrarle los espacios a sus críticos y amordazar a la prensa para gobernar a sus anchas, sin más comentarios que el de las alabanzas de una prensa venal.

No es poca cosa que en el caso hondureño sean los dos candidatos en los extremos del expectro ideológico los que coincidan en señalar de manera directa al Tribunal Supremo Electoral de estar coludido con el oficialismo para montar un fraude que permita la prolongación en el poder del actual mandatario, lo cual se lograría, según ellos, mediante el acreditamiento de falsos fiscales en las mesas de votación.

Las mismas encuestas y la guerra de sondeos en las redes sociales de los bandos en contienda permiten vislumbrar una compleja elección, porque no hay un claro favorito, lo que aumenta la incertidumbre en un electorado caracterizado por la apatía.

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