ECLIPSE

Prensa en peligro

Ileana Alamilla

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El periodismo y los periodistas jugamos un papel estratégico para dar a conocer la realidad, en la difusión y debate de las ideas, en el análisis de los hechos; somos piezas esenciales en la construcción democrática. Somos observadores neutrales del contexto, contribuimos con la sociedad a hacer efectivo el derecho humano de informar y ser informado.

Esta función no es reconocida ni aceptada, mucho menos valorada por quienes tienen por norma el atropello de las garantías, por principio mentir y ocultar y por regla agredir. Algunos políticos y autoridades han mantenido una relación conflictiva y hasta patológica con la prensa. Quieren quedar bien con los reporteros para que las notas sean de su agrado, pero se sulfuran cuando se publican hechos en los que resultan involucrados; algunos intentan cooptar, otros amenazan y algunos atentan contra de la seguridad del reportero.

En el gremio periodístico, como en la sociedad, hay diferencias. Cada medio de comunicación tiene su propia línea editorial, sus intereses, sus agendas y su pauta publicitaria. La competencia es una característica entre esas empresas, como en cualquier otra, lo cual es lícito. Lo repudiable es ocultar los intereses detrás de un medio, mentir y engañar.

El periodismo es una profesión riesgosa, especialmente en países en guerra declarada, como Siria, o no declarada, como México y Honduras, los más mortíferos en la región, según Reporteros sin Fronteras. En Guatemala, en este nuevo escenario donde la persecución penal ya no es solo una posibilidad y cuando la narcoactividad y el crimen organizado se han incrustado en el Estado y en la sociedad, con la complicidad o tolerancia de los gobiernos, los peligros para el gremio se han incrementado.

La corrupción ha quedado al desnudo, muchos políticos, autoridades locales, empresarios y otros ciudadanos involucrados en ese ilícito sienten amenazados sus intereses; a diario confirman que ahora sí la justicia los alcanzará y perderán sus riquezas mal habidas, lo que ha provocado que adopten actitudes defensivas para intentar ocultar sus delitos. Los periodistas son un peligro latente para ellos, pues enfrentan la posibilidad de que se denuncien los ilícitos en los que están involucrados.

El incremento de agresiones en contra del gremio obedece a esos aviesos intereses de mantener la opacidad e intentar librarse del brazo de la justicia. En el Observatorio de los Periodistas ya llevamos documentadas, en este año, 66 denuncias contra periodistas. La intolerancia es otra de las motivaciones para arremeter en contra de los reporteros, así como las actitudes de agentes vinculados al Estado que en lugar de garantizar la seguridad, son una amenaza.

Pobladores son otros de los actores que están violando la libertad de prensa. Hechos graves han sido denunciados con la participación de ciudadanos, entre ellos el secuestro y tortura de periodistas, la retención de reporteros y la amenaza de quemarlos vivos, o las agresiones de familiares de capturados.

Cada vez es más frecuente la denuncia de periodistas en tribunales ordinarios, lo que es una violación a la ley específica y también los ataques de algunos consorcios de medios en contra de ellos.

Las y los periodistas no somos jueces, no conciliamos con nadie, transmitimos hechos e información, revelamos cosas ocultas, propiciamos la transparencia, opinamos y, desde mi perspectiva, buscamos el cambio social para conquistar el bien común y una mejor convivencia humana.

¡Déjennos hacer nuestro trabajo!

iliaalamilla@gmail.com

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