LA ERA DEL FAUNO
Quitar el agua corrupta al pez
Qué tiempos aquellos, verdad Otto, cuando cruzaba la ciudad escoltado por vehículos blindados y la señora chocaba autos por Vista Hermosa. Cuando ella se desaparecía y retornaba como nueva, lista para continuar coordinando la muy efectiva Comisión Presidencial de Transparencia.
Qué tiempos aquellos, Otto, cuando tenía un trabajo tan importante que le hubiese permitido mejorar los hospitales, la educación, la calidad de vida de los guatemaltecos, la recaudación para mejorar la inversión; cuando pudo mejorar hasta las cárceles y la carceleta que ahora le han de dar tanto asco.
Como dijo el fiscal cuando lo acusó de cuatro delitos, por el caso TCQ, y fue más o menos esto: “usted es un hombre maduro, profesional, electo por mucha gente”. Qué tiro más acertado. Pudo haber hecho negocios limpios, porque se supone que tenía estudios estratégicos y no sé qué otros fustanes; tuvo el privilegio de llegar a la presidencia, puesto difícil de alcanzar, aunque cualquiera llega; pero “poderoso caballero es don Dinero”, dijo Quevedo: “Madre, yo al oro me humillo,/ Él es mi amante y mi amado,/ Pues de puro enamorado/ Anda continuo amarillo”.
Cuando declara ante el juez o ante los medios, da coletazos como los daría un pez sacado del agua; brinca, acude al giro victimizante con efecto de quiebre de voz para provocar lástima, cantinflea para confundir al enemigo y remata con indirectas al juez Gálvez. Pero a diferencia de un pez que goza de naturaleza benigna, es uno adicto a las aguas turbias.
No estará solo en tales nostalgias. Y no es solo por los que están detenidos por el mismo caso y otros no menos perjudiciales, también habrá que quitarle el agua turbia a los jueces y magistrados de la CSJ, de la CC y a los diputados. A esos que aún navegan a gusto entre alcantarillas. Ya veremos cómo salen brincando el montón de tepocates y peces gordos, que vienen a ser lo mismo. Y hay que quitar esas aguas turbias a los empresarios como los que andan huyendo y antes eran la voz oficial de la moral y la ética.
Ahora, Otto cuenta que los gringos los presionaban. Lo bien que se veía dándoles la mano. Hasta que salió por la puerta de atrás vino a ensañarse contra la comunidad internacional y la Cicig. Quiere decir que cuando era presidente fue cobarde porque no denunció dichas presiones. Pez que fracasó como profesional y como ladrón, también como criminal, porque como profesional no ejerció, como ladrón lo cacharon y como presidente lo sacaron.
A propósito, eso de quitar el agua al pez, ya se sabe, viene de aquellos tiempos cuando usted era el temible Mayor Tito Arias; aquel que fue entrevistado por el periodista Alan Nairn en el campamento y aldea modelo La Pista, Nebaj, Quiché, allá donde vivía rodeado de población esclavizada ¿lo recuerda?, entre mujeres que cocinaban obligatoriamente para usted y sus hombres, tiempos aquellos cuando torturaban población civil y los soldados se dejaban filmar con su botas encima de los cadáveres. Y usted leyendo aquel diario subversivo que decía que los ricos explotan a los pobres y esas otras insolencias que debía controlar. Y a los que dejaban vivos ¿recuerda? los hacían huir por la montaña o los obligaban a que hicieran el trabajo de esclavos, como esos hombres filmados mientras cortaban la madera con una sierra de San José. Por entonces, la consigna era quitar el agua al pez, porque “la población civil es a la guerrilla lo que el agua es al pez” Quería decir que matando a la población civil se moría la guerrilla. Qué cosas, usted debió ser juzgado por crímenes contra la humanidad, no por ladrón, o por las dos cosas.