Revista D

La fragilidad del artista

El 7 de agosto apuñalaron al actor y director de teatro Roberto Arana. La situación, la de siempre: ladrones ocasionales, en este caso tres adolescentes, atracaron por un celular y en el camino la historia se torció. Arana, porque la suerte estaba de su lado, no sufrió ningún daño severo, pero a punto estaba. El puyón iba dirigido a su corazón, pero no tocó ningún órgano vital. La historia se hace más patética, si se puede, en cuanto a la similitud que guarda con la de otros muchos otros chapines.

GUILLERMO MONSANTO

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Los artistas guatemaltecos que no pueden pagar un seguro médico están desprotegidos, casi al borde del desamparo. Los servicios públicos, colapsados a niveles alarmantes, muchas veces no atienden a los pacientes que no están al borde de la muerte porque en la práctica no cuentan con la materia prima y humana en las cantidades suficientes para hacerlo.

Hay que asentar que muy por el contrario de lo que se piensa, los hospitales San Juan de Dios y Roosevelt cuentan con equipo de primera que no se da abasto para la avalancha que los requiere. En otras palabras, hay y no hay, al mismo tiempo.

En el panorama hay que sumar a los artistas que trabajan para el Estado y que están amarrados a los pagos irregulares de sus exiguos salarios. Con los nuevos contratos y sus renglones específicos muchos no tienen acceso a los servicios del IGSS y a las oportunidades que este puede significar para quien puede pagarlo. Por lo tanto, quedan en manos de lo que buenamente puedan pagar y allí es caer en otro infierno.

En el caso de Roberto, su familia y sus alumnos de teatro, entre otros, dieron la cara solidariamente, pero ¿qué pasa con los que no poseen la misma suerte?

guillermonsanto@yahoo.com

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