Editorial
NOTAS DE Editorial
A tres días de la conmemoración patria del 15 de septiembre, cuando se cumplen 199 años de la Independencia, el país —y toda la región, y todo el mundo— enfrenta uno de sus más grandes desafíos. Pero hay algo que ningún virus puede infectar ni destruir, sino solo acrecentar: el ánimo decidido del guatemalteco.
La pregunta clave en este entuerto es: ¿quién tiene el liderazgo comunicacional en el Gobierno?
Es innegable el fuerte impacto sufrido por el sector de la construcción y el mercado inmobiliario durante los meses de restricciones sanitarias, pero comienzan a darse algunas señales de recuperación.
El abandono de cada infante que no ha podido continuar con su grado de preprimaria es una realidad preocupante y debe ser atendida de inmediato.
Se trata de un cargo de servicio público con un amplio campo de proyección concreta. Precisamente por ello, no debería estar sujeto a las veleidades políticas, a los amiguismos o a los perniciosos tráficos de influencias.
Su sencillez, su claridad de objetivos y también su perseverancia dejan una huella positiva en la historia nacional.
¿Es difícil mantener el aislamiento y los cuidados? Probablemente. Pero quizá no lo sea tanto si se asume como un homenaje a quienes ya perdieron la vida, como una muestra de respeto a sus esfuerzos y agonías, pero sobre todo como el germen de una transformación actitudinal convertida en ejemplo de palabra y acción para los hijos y los nietos, a fin de que sobreviva mucho más allá de esta dura prueba.
A las puertas del bicentenario de la independencia centroamericana hay que revisar los precedentes que impidieron la prevalencia de un solo bloque y visualizar que los mismos intereses de las clases políticas locales o los nacionalismos fomentados por décadas hacen inviable un modelo federal.
Comienza el camino para el vigésimo arzobispo de Guatemala, si se parte de la elevación a arquidiócesis en 1743, o para el titular número 37 si se contabiliza toda la sucesión desde Francisco Marroquín, en 1534. Cada época tiene desafíos pastorales y cada país posee sus particularidades.
Si acaso el actual gobierno quiere dejar un legado penitenciario constructivo, debería empezar a trazar nueva infraestructura física y operacional centrada en la rehabilitación.