Internacional
China prueba su modelo de vigilancia estatal en el extranjero
La primera señal de que algo inusual estaba ocurriendo en las Islas Salomón fue cuando la policía china se presentó en Fighter One, una aldea tranquila rodeada de plataneros. Los agentes chinos reunieron a los residentes en una zona cubierta de hierba y les propusieron un sistema que, según dijeron,
La primera señal de que algo inusual estaba ocurriendo en las Islas Salomón fue cuando la policía china se presentó en Fighter One, una aldea tranquila rodeada de plataneros.
Los agentes chinos reunieron a los residentes en una zona cubierta de hierba y les propusieron un sistema que, según dijeron, ayudaría a mantenerlos a salvo. Sugirieron que los residentes rellenaran tarjetas con los nombres, direcciones y fechas de nacimiento de cada miembro de la familia. Recomendaron que se recopilaran huellas dactilares y palmares, algo muy poco habitual y legalmente dudoso en un país que carece de leyes que regulen la recolección de datos personales.
Bajo el mandato del líder de China, Xi Jinping, Pekín ha intentado exportar al mundo sus ideas sobre seguridad, y ha llegado a países como las Islas Salomón, una nación del Pacífico a 4800 kilómetros de distancia. Mientras Washington ofrece tratados que comprometen a los soldados estadounidenses a defender a sus aliados frente a amenazas externas, Pekín ofrece algo diferente: equipamiento y tácticas para que los gobiernos mantengan el orden en el interior.
Esta propuesta ha resultado ser atractiva para muchos Estados autoritarios y democracias frágiles en África, el Sudeste Asiático y Asia Central, que consideran que las amenazas internas a la seguridad de sus regímenes son una prioridad igual, si no es que mayor, que el despliegue de un ejército.
Pero las Islas Salomón, que habían firmado un pacto de seguridad con China en 2022, también se perfilan como una primera prueba de los límites de los esfuerzos chinos.
La presencia policial de China en las Islas Salomón ha ido de la mano del crecimiento de sus empresas mineras y de otros tipos, y de la necesidad de Pekín de proteger sus intereses en el extranjero.
No solo se trata de tecnología y tácticas policiales, sino también de difundir una ideología enfocada en el control estatal.
Cuando visitaron Fighter One, la policía china estaba respondiendo a una petición de la comunidad para evitar que los jóvenes y niños revoltosos acudieran a su aldea por la noche y se drogaran con nuez de betel y emborracharan con un potente alcohol ilegal llamado kwaso.
Su solución fue introducir un oscuro sistema de vigilancia comunitaria de la época de Mao: la experiencia Fengqiao.
Llamado así por Fengqiao, una ciudad en el este de China, el sistema animaba a los vecinos a espiarse y acusarse los unos a los otros para acabar con los enemigos políticos. El sistema se ha reavivado bajo el mandato de Xi como parte de una campaña para acabar con cualquier desafío al Partido Comunista de China.
En China, el sistema exige que la policía vigile hogares en extensos complejos de apartamentos, y en un ejemplo asignó a cada unidad un código de color que indicaba si los ocupantes representaban un riesgo para la seguridad. La policía también ha visitado los hogares de grupos minoritarios como tibetanos y uigures para promover las políticas del partido. Trabajadores del gobierno han visitado iglesias para dar charlas “contra los cultos”. Y se exige a las empresas que registren a sus empleados en las bases de datos policiales.
La idea de introducir un estilo tan severo de vigilancia estatal en las Islas Salomón alarmó a los políticos locales y a los observadores de países cercanos, como Australia, a quienes les preocupaba que eso pudiera darle al gobierno las herramientas para reprimir las libertades.
El proyecto piloto de la experiencia Fengqiao fue suspendido tras las reacciones en contra. Y la elección este mes de Matthew Wale, un primer ministro que históricamente se ha mostrado escéptico respecto a Pekín, plantea interrogantes sobre el arraigo de China en el país, y sobre si las ideas de esta nación viajan tan fácilmente como espera el partido.
Un Estado policial modelo
China se ha presentado como un modelo policial a imitar por otros países, y ha señalado los bajos índices de delitos violentos como prueba de su éxito.
Pero el vasto aparato de seguridad que mantiene a salvo a los ciudadanos se despliega con frecuencia para aplastar la disidencia política.
Desde el principio, a cada ciudadano se le asigna una tarjeta de registro familiar que restringe dónde puede vivir esa persona. Los movimientos dentro del país se monitorean mediante una red cada vez mayor de cámaras de vigilancia, muchas de las cuales están equipadas con programas informáticos de inteligencia artificial que pueden reconocer no solo los rostros, sino también la forma de caminar de una persona.
En zonas de China que solían tener agitación, como la región occidental de Xinjiang, millones de uigures han sido sometidos a una recopilación de datos biométricos que incluía dar muestras de ADN, escaneos de iris y muestras de patrones de voz.
Todo eso es necesario a los ojos del partido, que considera que su legitimidad está ligada a su capacidad para preservar el orden social.
Los países con gobiernos afines han recibido con satisfacción la oportunidad de usar la ayuda de China para afianzar su poder.
Cuando el dirigente de Vietnam, To Lam, visitó Pekín este año, los gobiernos se comprometieron a colaborar estrechamente para salvaguardar la “seguridad política“. Xi dijo a Lam que compartían el interés por defender “la posición gobernante del Partido Comunista”. Con Camboya, China se comprometió en abril a trabajar para “resistir conjuntamente la infiltración externa e impedir las ‘revoluciones de color’“, un término usado para referirse a los movimientos prodemocráticos o los levantamientos populares que Pekín considera complots respaldados por Occidente para desestabilizar el gobierno de partido único.
China está capacitando a las fuerzas policiales de muchos países en desarrollo. Desde el año 2000, ha impartido casi 900 sesiones de entrenamiento, entre ellas sobre lucha antiterrorista, control de disturbios y control de fronteras, para al menos 138 países, según un estudio de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.
“China está intentando reescribir las normas de lo que es la seguridad mundial y qué países son los mejores para proporcionarla”, dijo Sheena Chestnut Greitens, politóloga de la Universidad de Texas en Austin y una de las autoras del informe de Carnegie.
Ha integrado a sus agentes a las fuerzas policiales de la República Centroafricana y de las naciones insulares del Pacífico de Vanuatu y Kiribati. En 2011 proporcionó a Ecuador miles de cámaras de vigilancia que permitieron que la agencia de inteligencia nacional del país vigilara mejor a los opositores políticos.
Y, en 2016, entrenó a una unidad de la policía sudafricana que posteriormente se desplegó para intimidar y asesinar a rivales políticos del entonces presidente Jacob Zuma, según el Centro de Estudios Estratégicos de África, organización con sede en Washington que forma parte del Departamento de Defensa estadounidense.
Es posible que China esté intentando mejorar la imagen pública mundial de su modelo autoritario mediante la exportación de su entrenamiento policial.
“Esto permite que China presente su sistema como un éxito en materia de seguridad pública y no como un fracaso en materia de derechos humanos”, dijo Greitens.
Un laboratorio en el Pacífico
China logró su mayor victoria en las Islas Salomón en 2019, cuando su gobierno rompió décadas de lazos diplomáticos con Taiwán para reconocer a Pekín. Esto abrió las compuertas a la ayuda financiera, el comercio y la inversión chinos.
El cambio, como lo denominan los residentes, suscitó preocupación en Australia, Estados Unidos y otros aliados occidentales por la posibilidad de que Pekín invadiera su esfera de influencia tradicional.
También intensificó tensiones que existían desde hace tiempo entre los residentes de la isla de Guadalcanal, más desarrollada y donde se encuentra la capital, Honiara, y los de la isla de Malaita, más pobre, que había mantenido vínculos más estrechos con Taiwán a través de programas agrícolas y médicos.
Esas tensiones estallaron en disturbios mortales en 2021, que tuvieron como blanco a la comunidad china de Honiara, que tiene más de un siglo de antigüedad. Esta representa menos del 2 por ciento de la población de la ciudad, de unos 170.000 habitantes, pero domina los escaparates donde se venden artículos domésticos, comestibles y alcohol y controla también lucrativos intereses madereros y mineros.
Los manifestantes, en su mayoría migrantes de Malaita, intentaron asaltar la residencia personal del entonces primer ministro, Manasseh Sogavare. Los disturbios llevaron a Sogavare a firmar el pacto de seguridad con Pekín al año siguiente, y lo justificó como una forma de combatir las “duras amenazas internas”. También tachó de “inadecuado” a Australia, que había sido tradicionalmente un socio de seguridad del país.
Nunca se ha hecho pública una copia del pacto. Pero extractos filtrados en internet muestran que el acuerdo permite a las Islas Salomón solicitar que China envíe “policía, policía armada, personal militar y otras fuerzas armadas y de orden público” para restablecer el orden social y proteger al personal y los proyectos chinos en el país. (Australia también tiene un acuerdo de seguridad con las Islas Salomón, aunque en los últimos años ha dejado de enfocarse en el mantenimiento de la ley y el orden para dedicarse a proporcionar entrenamiento policial).
Pekín incorporó su primer grupo de policías a la Real Fuerza Policial de las Islas Salomón en 2022. Por esas mismas fechas, China donó material antidisturbios por valor de 1,5 millones de dólares, que incluía chalecos antibalas, escudos, cascos y trajes y guantes resistentes a apuñalamientos. Fotografías publicadas en el sitio web del gobierno de las Islas Salomón muestran a policías chinos adiestrando a policías locales en el manejo de porras y horquillas antidisturbios, una herramienta habitual en China que tiene aproximadamente la longitud de un tridente con una punta en forma de U para inmovilizar a un sospechoso.
La presencia de la policía china no es más que otro ejemplo de cómo Pekín está promoviendo sus intereses en un país que carece de poder e influencia para decir “no”, afirma Peter Kenilorea Jr., quien era político de la oposición desde hace tiempo cuando lo entrevistamos a finales del año pasado en Honiara, y ahora forma parte del gabinete del nuevo primer ministro y supervisa la planificación nacional.
Sostuvo que el desequilibrio de poder también ha permitido a las empresas chinas de la minería y la madera, dos de las mayores industrias de las Islas Salomón, arrasar los bosques y contaminar los ríos con la escorrentía minera, al tiempo que usan puertos ilegales para evadir las tasas gubernamentales, sin apenas consecuencias.
Los chinos “vienen y hacen lo que les da la gana”, dijo Kenilorea, quien se opuso al cambio de Taiwán a Pekín y cuyo padre fue el primer dirigente de las Islas Salomón tras obtener la independencia. “Es como una temporada de caza”.
¿Tienes experiencia en Fengqiao?
El Equipo de Enlace Policial con China, como se denomina formalmente, opera desde la Jefatura de Policía de Rove, en Honiara, una capital húmeda y azotada por las inclemencias del tiempo, donde los humos de gasóleo de los vehículos que atascan la única autopista pesan en el aire.
La presencia de Pekín destaca entre las hileras de edificios bajos de hormigón y acero corrugado. Hay un estadio deportivo y un hospital construidos por China. Capataces chinos, que trabajan para empresas constructoras estatales chinas, supervisan el asfaltado de las carreteras. Chinos regentan peluquerías, salones de masaje y restaurantes que sirven dim sum y ollas de carnes y verduras.
Aproximadamente una decena de miembros del equipo de policía china están apostados en las Islas Salomón durante meses antes de ser rotados y salir del país. Parecían muy reservados. Los miembros de la comunidad china que hablaron con The New York Times dijeron que no recordaban haber visto mucho a la policía.
El equipo policial ha sido presentado por la propaganda estatal china como un ejemplo de la benevolencia del país hacia sus vecinos como potencia regional. La Universidad Popular de Seguridad Pública de China, una universidad nacional de policía, publicó un artículo en 2024 en el que describía que los agentes se ponían rudos para que los aldeanos pobres pudieran beneficiarse de la sabiduría de la experiencia Fengqiao.
Los miembros del equipo sufrieron infecciones debido a la falta de atención médica en las zonas remotas. Sus habitaciones estaban infestadas de “mosquitos, ciempiés, ratas y cucarachas”. Comían sobre todo “pan, galletas y mandioca de producción local”.
Al mismo tiempo, el sitio web del gobierno de las Islas Salomón se ha llenado de comunicados de prensa que muestran a policías chinos estrechando la mano de funcionarios locales, donando ropa y material deportivo a los aldeanos, sirviendo té a estudiantes universitarios, realizando espectáculos de drones y demostraciones de kung fu y haciendo presentaciones de PowerPoint.
Los analistas afirman que la ayuda contribuye a paliar la escasez de recursos, pero no estaba claro si la afluencia de ayuda china beneficiaría a las Islas Salomón a largo plazo.
Virginia Comolli, jefa del Programa del Pacífico de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, quien fue coautora de un informe reciente sobre la policía china y entrevistó a residentes de Fighter One, descubrió casos en los que los vehículos policiales chinos donados habían permanecido inactivos porque no había dinero suficiente para combustible, o no había piezas de repuesto para repararlos.
“Están recibiendo muchas donaciones, pero el quid de la cuestión es siempre, ¿es esto sostenible?”, dijo Comolli.
Otras donaciones de China incluyen dos lanchas rápidas de la policía valoradas en más de 400.000 dólares, un vehículo antidisturbios equipado con un cañón de agua y equipo para abrir un laboratorio forense de autopsias.
Algunos residentes dicen que están dispuestos a darle una oportunidad a China. Cualquier cosa, dicen, es mejor que el statu quo de las Islas Salomón, que Naciones Unidas ha calificado como uno de los 44 países menos desarrollados del mundo.
“Llevamos mucho tiempo dependiendo de distintos países” y, sin embargo, nada ha mejorado, dijo Jacqueline Maeli, de 43 años, residente de Tasahe B, una comunidad de casas improvisadas en la cima de una colina de Guadalcanal que fue visitada por el equipo de la policía china el verano pasado.
Maeli, que llevaba una camiseta de segunda mano en la que se leía “China Fantástica”, es agnóstica sobre qué bandera enarbola la policía.
“Sea cual sea el gobierno que ayude y haga que este país funcione mejor, estaré con él”, dijo.
La reacción negativa
Cuando surgió la noticia de que el equipo de la policía china había visitado Fighter One y había propuesto recopilar huellas dactilares y otros datos, algunos habitantes de las Islas Salomón expresaron su preocupación.
Celsus Talifilu, que ahora trabaja como secretario especial del nuevo primer ministro, escribió una entrada en su blog en la que argumentaba que la policía no tenía autoridad para recopilar grandes cantidades de información personal, registrar datos biométricos individuales o llevar a cabo vigilancia vecinal.
Talifilu escribió que el énfasis del modelo Fengqiao en la vigilancia y la coacción amenazaba la armonía social y las costumbres locales, como que los jefes de aldea resuelvan los conflictos y las disputas.
“Esto va contra nuestras normas”, dijo en una entrevista en Honiara. “La gente no se tomará a la ligera que sus vecinos la espíen”.
En Australia, un periódico publicó un editorial en el que se criticaban las acciones del equipo policial chino en las Islas Salomón. Los analistas de seguridad del Instituto Australiano de Política Estratégica escribieron que “el riesgo es que las Islas Salomón se conviertan en un campo de pruebas de prácticas autoritarias bajo la apariencia de servicio comunitario”.
Los órganos de propaganda de China contratacaron. El Global Times describió las reacciones occidentales como “el malestar de antiguas potencias coloniales cuya influencia exclusiva en el Pacífico ya no está asegurada”. También dijo que China no estaba imponiendo el modelo Fengqiao a las Islas Salomón; simplemente lo ofrecía como algo a considerar.
La policía de las Islas Salomón emitió una declaración en Facebook en la que afirmaba que el programa Fengqiao piloto estaba dirigido localmente y no se había introducido a instancias de China. Negó que el programa tuviera que ver con “vigilancia o coacción” y dijo que no se transferirían datos a ninguna “autoridad extranjera”.
La policía de las Islas Salomón y la embajada china en Honiara no respondieron a las solicitudes de entrevistas.
Tras el furor, se suspendió el programa Fengqiao piloto en Fighter One. Nunca se compartieron datos biométricos. Los ruidosos jóvenes siguen siendo un problema.
Algunos residentes dijeron que seguirían recibiendo de buen grado que la policía china desempeñara un papel en su comunidad, que alberga a parte de la élite profesional de Honiara, incluidos abogados, jueces y médicos.
“Tenemos una mentalidad abierta”, dijo Pedical Togamae, de 42 años, médico de urgencias, que construyó desde cero su casa de dos plantas sombreada por árboles tras comprar un terreno en Fighter One en 2013, cuando no había carreteras que llevaran al pueblo.
Togamae dijo que la policía local tiene tan poco personal que no se puede confiar en que aparezca. Si dar sus huellas dactilares al equipo de la policía china ayuda a acabar con las molestias nocturnas, estará encantado de hacerlo.
“Solo queremos una comunidad pacífica”, dijo Togamae.
David Pierson cubre la política exterior china y la participación económica y cultural de China en el mundo. Lleva más de dos décadas trabajando como periodista.
Berry Wang es reportera e investigadora del Times en Hong Kong.