Internacional
El último techo de paja
Si fueras a comprar una casa en uno de los países más húmedos de la Tierra, ¿elegirías una con techo de paja? En toda Inglaterra, los compradores están pagando sumas extraordinarias para hacer exactamente eso. Las casas con techo de paja, antaño asociadas a la vida campesina, se cuentan ahora
Si fueras a comprar una casa en uno de los países más húmedos de la Tierra, ¿elegirías una con techo de paja?
En toda Inglaterra, los compradores están pagando sumas extraordinarias para hacer exactamente eso. Las casas con techo de paja, antaño asociadas a la vida campesina, se cuentan ahora entre las propiedades más codiciadas de un país donde la nostalgia por un pasado lejano y mitificado es muy profunda: un paisaje de cuento de hadas de comarcas, vigas bajas y brumosos prados de ovejas. El mes pasado, la actriz Sienna Miller volvió a poner en venta su casa de campo con techo de paja en Buckinghamshire por 1,75 millones de libras (2,35 millones de dólares). Tan perdurable es el atractivo que Richard Branson, el multimillonario fundador del Virgin Group, contrató a unos techadores británicos para colocar el tejado en su casa del Caribe.
Pero bajo las capas de paja, hierve a fuego lento una disputa entre la pequeña fraternidad inglesa de los llamados “maestros techadores”.
Para los tradicionalistas más acérrimos, la única paja verdadera es la “paja larga” –la típica paja de cereal, como el trigo, que se trilla para extraer el grano–, que los historiadores consideran el tejado original de Inglaterra. Luego está el junco o caña la alternativa más duradera que cada vez se importa más del extranjero.
Para el maestro techador Stephen Letch, la diferencia es inconfundible. El problema es que para casi todos los demás es indetectable, lo que es una de las razones por las que los tejados de paja larga o de trigo están desapareciendo.
“Quedan 20 o 30 techadores de paja en toda Inglaterra”, dijo Letch, de 66 años, quien ha pasado gran parte de su vida tratando de preservar este arte moribundo. “Somos los últimos y sabemos que somos los últimos, y también sabemos que una vez que nos vayamos, esas habilidades se perderán”.
Una tarde de mayo, de pie junto a una casa de campo de 438 años de antigüedad en el pueblo de Redgrave, en el condado de Suffolk, Letch pasó su áspera mano por el borde de un tejado que él mismo había instalado. “¿Ves cómo parece que lo han vertido?”, preguntó.
Letch se refería a la textura fluida de la paja seca que cubría la casa: un aspecto suave y sin costuras, como si un espeso líquido dorado hubiera resbalado sobre la cabaña y sus aleros. Es la firma de la paja larga, que forma parte de una tradición británica de techado que se cree que se remonta a la Edad de Bronce.
Mucho antes de que el Reino Unido estuviera conectado por el ferrocarril, los tejados se hacían con lo que crecía cerca, como el brezo en las tierras altas del norte y el junco cerca de las ciénagas y los cursos de agua. Sin embargo, la mayoría de las zonas del país utilizaban paja, un subproducto del trigo que se cultivaba para hacer pan, según los historiadores. Es un material ligero que mantiene las casas bien aisladas del calor del verano y del frío del invierno, pero también es muy flamable, atrae insectos y a las arañas que se alimentan de ellos, y requiere un mantenimiento muy costoso.
Según una evaluación, el 90 por ciento de los tejados de paja de Inglaterra y Gales se hacían con paja antes de 1800, y el porcentaje restante se dividía entre junco o caña y hierbas, como el brezo. Ahora ese porcentaje se ha invertido, pues cada vez más casas se vuelven a tejer con el junco, más duradero. Pero no se obtiene del río local: gran parte se envía desde Europa del Este y China.
“Nos hacen la pregunta: ¿Qué valor tiene?”. dijo Letch sobre la paja larga. “La tradición”, respondió, antes de bajar la voz: “Pero no puedes ver la tradición porque todo parece igual”.
El tejado que Inglaterra olvidó
La historia ocupa un lugar destacado en los pueblos ingleses que aún conservan cabañas de paja. La zona de Suffolk donde Letch aprendió su oficio aparece mencionada en el Libro de Domesday, un estudio de todas las tierras de Inglaterra encargado en 1085 por Guillermo el Conquistador. Casi un milenio después, Led Zeppelin convirtió a un granjero del siglo XIX en la encarnación del folclor inglés en la icónica portada de su cuarto álbum.
Y sin embargo, un país obsesionado por conservar su pasado arquitectónico ha permitido de manera silenciosa que desaparezcan muchos de sus tejados más antiguos.
“Es una locura decir que estamos conservando un material tradicional, pero lo importamos de China”, dijo Jo Cox, historiadora de edificios que escribió una historia de los tejados de paja para el organismo de conservación histórica de Inglaterra.
No es difícil ver por qué ha triunfado la caña o junco de agua. Dura más: hasta 70 años, frente a los 40 de la paja larga, según Julia Shelley, editora de The Thatcher’s Standard, la publicación de la Sociedad Nacional de Maestros Techadores. Y es mucho más fácil de conseguir e instalar.
“Puedes tomar el teléfono y decir: ‘Necesito 2000 manojos de juncos’, y llegarán la semana que viene”, dijo el maestro techador Bodkin Willows, de 38 años, mientras que puede llevar hasta un año conseguir el trigo para un tejado de paja larga.
El junco llega del extranjero en fardos que pueden colocarse directamente en un tejado. La paja larga, por el contrario, requiere una preparación tan elaborada que tiene su propio vocabulario arcaico: la paja debe cortarse en forma de teja, empapada en agua y clasificada, antes de ser dispuesta en “yealms” o en manojos ya listos para colocarse, y fijada en su sitio con “broches” o “varillas” hechos de palos de avellano afilados en forma de grapas.
Luego está el entrenamiento necesario para convertirse en un techador de paja larga, que es tan arduo que parece un ritual de iniciación.
Cuando era un aprendiz de 19 años, Letch aprendió a esparcir un cubo de agua sobre la paja, una técnica que consiste en arrojar el agua de modo que humedezca las fibras pero no las empape. En las mañanas heladas, utilizaba un martillo para romper el hielo que se había formado sobre un cubo, y luego sumergía las manos en el agua helada durante 45 segundos, “hasta que se ponían como atizadores al rojo vivo”, dijo.
Cuando cometía un error, su mentor le golpeaba las manos entumecidas con una vara o un palo de avellano. “Es muy neolítico, ¿verdad?” se rió Letch.
Para los tradicionalistas de la paja, lo duro del aprendizaje forma parte del objetivo. “Enseña al aprendiz los valores”, dijo Letch. “La perseverancia”.
Pero las mismas cualidades que hacían que la paja larga o de trigo fuera tan exigente también la hacían vulnerable en una Inglaterra que se modernizaba. La desaparición del techado de paja larga empezó a mediados del siglo XIX, cuando el ferrocarril permitió transportar por todo el país materiales de construcción como tejas y juncos. A principios del siglo XX, los tejados de paja se desmontaban y se volvían a cubrir con junco.
Una de las razones eran los pájaros. Los restos de grano que quedaban en la paja atraían a los gorriones, que excavaban en los tejados. Los pájaros se consideraban tan molestos que las iglesias ofrecían una recompensa: medio penique por cada cabeza de gorrión, según los registros parroquiales recogidos por Letch.
Las redes de alambre, inventadas en la década de 1840, resolvieron por fin el problema, pero al principio eran tan caras que duplicaban el costo de un tejado. La paja larga adquirió la reputación de ser más frágil, más laboriosa y más cara, una percepción que persiste todavía, incluso cuando el costo de la red ha descendido a alrededor del 5 por ciento de la factura total.
Según el maestro techador Christopher Essex –uno de los artesanos que viajaron al Caribe para ocuparse del tejado de Branson–, el junco cuesta unas 6 libras esterlinas por haz y cubre unos 30 centímetros de tejado, frente a la paja, que puede costar hasta 16 libras esterlinas por un haz que abarca unos 60 centímetros, dijo. Cubrir una casa de campo promedio puede costar entre 40.000 y 50.000 dólares, sin incluir la sustitución periódica de la cumbrera, la sección superior del tejado, que debe cambiarse cada diez años, ni las primas de seguro más elevadas vinculadas al riesgo de incendio.
“Es un hecho conocido: el junco dura más que la paja larga”, dijo Essex, quien desestimó las preocupaciones sobre el junco importado por considerarlas fuera de lugar.
Peleas y encanto
Para quienes no están al tanto, la disputa puede parecer absurda. En Gran Bretaña solo quedan unas 60.000 casas de paja, el 0,2 por ciento de su parque inmobiliario. Pero entre los aproximadamente 800 techadores de Inglaterra, el debate junco contra paja provoca una enorme emoción y ocasionalmente puñetazos. Una conferencia celebrada en Oxford a finales de la década de 1990 estuvo a punto de convertirse en una pelea, dijo Cox, al recordar cómo el apacible académico que presidía el acto amenazó con levantar la sesión si no se calmaban las disputas entre los techadores.
En parte se debe al temperamento. El trabajo, que a menudo se hace solo, en lo alto de una escalera, suele atraer a artesanos con una vena independiente. “Utilizaré la palabra ‘cascarrabias'”, dijo Essex, al describir cuando menos cuatro peleas de las que ha sido testigo. “Sabemos lo que pensamos y nos mantenemos firmes”. Y en un oficio pequeño, las disputas sobre cómo hacer el tejado pueden convertirse en disputas sobre quién se queda con el siguiente trabajo y el temor a que “me estés quitando el pan de la boca”, dijo.
En las últimas décadas, algunas ciudades y pueblos aprobaron normas que exigían la sustitución de la paja “por otra igual”, pero para entonces el junco se había impuesto.
Los miles de propietarios de casas con techo de paja casi nunca se dan cuenta de la diferencia. Una portavoz de Savills, la agencia que vende la casa de Sienna Miller, no estaba segura de qué tipo de paja cubría la casa del siglo XVI de la actriz.
Corinne y Martin Price, quienes compraron su casa de campo con techo de paja en el pueblo de Saul hace casi tres años por 485.000 libras esterlinas (655.000 dólares), tampoco podían decir con certeza qué tipo de techo tenían. “Por lo que sé, es paja de trigo, pero podrían corregirme”, dijo Corinne Price, de 53 años.
Parece no tener importancia cuando se considera el romanticismo de vivir en una casa que se construyó en 1410.
“Me enamoré de ella al cien por ciento”, dijo, y describió la casa casi como un ser vivo. El tejado, dijo, da a la casa una sensación que las casas modernas nunca podrían dar: “cálida”, “acogedora” y sobre todo “orgánica”, como si la naturaleza no se hubiera excluido por completo, sino que estuviera entretejida en la propia casa.
Rukmini Callimachi es una reportera que cubre bienes raíces y vivienda para el Times.