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Opinión: Reglas para envejecer bien

Esta es una lista de reglas para la tercera edad y su objetivo es mantenernos mayores a los que somos mayores, y evitar que demos un paso más allá. Mantenerse vivo en la vejez es un arte que por lo general requiere evitar los pasos en falso. La clave de

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Esta es una lista de reglas para la tercera edad y su objetivo es mantenernos mayores a los que somos mayores, y evitar que demos un paso más allá. Mantenerse vivo en la vejez es un arte que por lo general requiere evitar los pasos en falso. La clave de muchas cosas es “no lo hagas”. Si más personas mayores simplemente no hicieran ciertas cosas, sobre todo por impulso, el mundo sería un lugar más seguro. Más aburrido, pero más seguro.

Debo añadir que si no sigues estas reglas, no estoy diciendo que estés haciendo algo moralmente incorrecto. Solo que sufrirás.

1. Huye cuando oigas ‘Hagamos esto otra vez’

Esto se suele decir al final de algún acto social sin sentido en el que has participado a regañadientes. De manera inevitable, alguien dirá alegremente: “Hagamos esto otra vez”. Tonterías. No lo dicen en serio. Tú no lo dices en serio. Nadie lo dice en serio.

2. Cásate por encima de tus posibilidades

Normalmente no puedes evitarlo. Pero probablemente ya lo hayas descubierto.

3. No olvides dar confianza

Es lo mejor que puedes dar a un ser querido. Decir “Puedes hacerlo” a alguien a quien le tienes cariño en una situación en la que esa persona duda de sí misma –hacer un examen, dar un discurso, escribir un poema– significa más que cualquier profesión tierna de afecto. Significa que amas a esa persona tan de corazón que le deseas la satisfacción interior de realizarse a sí misma. El orgullo de realizarse a sí misma. ¿Qué otra cosa puedes decir que exprese así tu amor?

4. Observa a la polilla

En su ensayo “La muerte de la polilla”, Virginia Woolf observa a una polilla en su agonía, que revolotea sobre el cristal de una pequeña ventana. La escritora sigue la difícil situación del animal con compasión y admiración; asombro, en realidad. Su lucha es hermosa. Se imagina a la polilla diciendo que la muerte era demasiado fuerte, incluso para ella.

Mira a la polilla en su monumental lucha por la vida, y haz lo mismo. Obtenemos los poderes de la vida sabiendo que al final nos serán arrebatados. Hay belleza en esta lucha. La danza en el aire de los estorninos solo se produce al atardecer.

5. No compartas la desesperación

Ni siquiera con tus amigos. No es que no se compadezcan. Es demasiado pedir a alguien querido que soporte tus cargas.

6. No hagas concesiones, ni siquiera un poco

A menos que seas un negociador profesional, no cedas. Si cedes un poco, da igual que abandones el barco. Durante la era McCarthy en Estados Unidos, se exigió a los estudiantes que presentaran juramentos de lealtad para mantener sus becas. En una reunión de los profesores de Harvard, un profesor que había escapado de la Italia de Mussolini desafió al decano sobre este tema. El decano respondió que firmar y enviar los juramentos era meramente un trámite y no tenía más significado que lamer los sellos de las cartas. El profesor italiano se levantó y dijo algo así como: “Decano, yo soy de la Italia fascista, y en la Italia fascista se aprende una cosa. Primero lames los sellos. Luego lames otra cosa”.

7. Mete la pata hasta el fondo

Te has pasado la vida diciéndote que hay que evitar los errores, pero no es necesariamente así. Cuando tocas jazz en el piano, cada vez que cometes un error, lo cual es inevitable, cometes otro deliberadamente para sacar algo bueno de una equivocación. Y luego lo vuelves a hacer. En teoría, podrías tocar una melodía entera de errores y sonaría bien.

Puedes pensar que sería mejor no cometer el error en primer lugar. Pero un error creativo puede ser más fiel a la vida, como sin duda habrás descubierto. Aceptaste un trabajo que no querías, para pronto descubrir que es el trabajo ideal para ti. Naciste para hacer ese trabajo. Si lo piensas, la vida es un conjunto de errores creativos. Incluso cuando no piensas en ello.

8. No cuestiones todo lo que no entiendas

Cuanto más viejo te haces, más maravilloso te parece el mundo. Y por maravilloso me refiero a que está lleno de maravillas. La aparición abrupta de algo bello en medio de un desengaño amoroso, por ejemplo.

Estás en un mal momento, y crees que te vas a quedar ahí, que no hay respiro, cuando de la nada, algo de Mahler o Beethoven entra en tu atmósfera, y de repente la pena se disipa. No cuestionas ni analizas el momento. Simplemente lo agradeces.

Donde está la angustia, se inmiscuye la belleza. Maravillosamente.

9. Haz tuyo por el muslo de pollo

Allí estábamos, en nuestros veintes, Ginny y yo y un grupo de amigos, haciendo un picnic junto al río Charles, en Cambridge, cuando tomé un muslo de pollo con la intención de comérmelo y lo sostuve en alto. Pasó un niño, me lo quitó de la mano y siguió caminando. Mis amigos y yo nos reímos: el niño estaba de lo más despreocupado. Ginny dijo: “Debe de pensar que la vida es un muslo de pollo, esperando a ser arrebatado”. De hecho lo es, incluso cuando ya no eres un pollito.

10. Enfócate en el aro

Cuando jugaba al baloncesto en la universidad, medía 1,80, un ácaro en tierra de gigantes, y mi juego en general era mediocre en el mejor de los casos. Sin embargo, la mayoría de las veces lograba anotar en dobles dígitos sin prestar atención a la defensa. Simplemente fingía que no estaba allí. Solo miraba el aro de la canasta. Y efectivamente, la mayoría de las veces la defensa no me tocaba.

Otros juegos de la vida ofrecen oportunidades similares, a cualquier edad. Ignora los impedimentos a tu bienestar –un vecino ruidoso, un colega traicionero– y concéntrate en cambio en hacia dónde te diriges tú. Te sorprenderá gratamente la facilidad con que llegas allí. Nada más que la red.

11. No busques la inmortalidad

No te llegará de todos modos, y menos a través de tus obras y logros. Pero los buenos sentimientos que sientes por los demás, y ellos por ti, eso dura para siempre. Me gusta citar al poeta Philip Larkin: “Lo que sobrevivirá de nosotros es el amor”. Eso debería bastar.

Roger Rosenblatt es autor de More Rules for Aging, del que se ha adaptado este ensayo.

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